Muchos años atrás, esas tierras que hoy reclaman los paraguayos de Fernando Lugo, ya que según dijo el líder de ellos, Eulalio López, los hijos de brasileños, japoneses, alemanes etc., Nacidos en Paraguay, no son paraguayos sino “residentes”, existían y estaban allí a la vista y a disposición de todos los que hubieran querido utilizarlas, pero sin embargo no fue así. Nadie les hacía caso ni nadie las reclamaban. Bueno, debemos señalar que en ese entonces no tenían ni el 10% del valor que tienen hoy día. En pocas palabras, no eran apetecibles, por decirlo de alguna manera.
Lo mismo sucedió con las tierras que le fueron expropiadas Alberto Antebi, cuando estuvieron disponibles, los “Sin tierras” se adjudicaron e inmediatamente las vendieron, aunque en realidad lo que vendieron fueron los derechos adquiridos sobre las mismas, hecho este conocido como “derecheras”. En este caso, los compradores eran paraguayos con poder adquisitivo y brasileños también con poder adquisitivo, lo cual hizo que en las ex tierras de Antebi se formaran un montón de pequeños y medianos establecimientos ganaderos, explotados por ganaderos o inversionistas, pero como si las mismas pertenecieran a comités integrados por 20, 30, 50 o más campesinos, a cuyos nombres figuraban cada una de las parcelas de tierras que conformaban el bloque de una de las estancias, y así sucesivamente. En ese entonces, ningún “sin tierra” se acordó que era paraguayo y que las tierras la ocupaban brasiguayos, brasileños o residentes, como mejor los quieran llamar.
Muy bien, regresando a la actualidad, cuando ya las tierras del Alto Paraná se han vuelto productivas en un 100%, y su costo se multiplicó 1.000, 2.000 y hasta 3.000 veces más, debido a la inversión que en ellas se hizo para dotarlas de infraestructura y hacerlas más fértiles, aparecen los “paraguayos” disfrazados de “carperos” reclamando sus derechos, es decir, que del día a la noche, se percataron de que esas tierras tienen que ser de los paraguayos, sin importar el origen ni la antigüedad de los títulos de propiedad, a como de lugar, esas tierras tienen que ser de los “paraguayos”, y esa actitud arbitraria y delincuencial la apoya el propio Presidente de la República, utilizando para ello a las Fuerzas Armadas.
Lo mismo sucede en la actualidad en las ex tierras de Antebi. Antes cuando era apenas un campo pelado sin ninguna estructura, las vendían a cualquier precio, pero ahora que se convirtieron en hermosos y productivos establecimientos ganaderos, las vuelven a reclamar como “paraguayos” que son. De esta realidad están exentos los colonos de Rinconada, San Isidro Labrador y otros, porque éstos sí hicieron uso de las tierras que se les concedió e hicieron crecer sus respectivas colonias, éstos sí actuaron como verdaderos paraguayos.
Para finalizar, y aunque sean odiosas las comparaciones, nunca está de más hacer una a modo de ejemplo, de tal manera a ilustrar mejor la triste realidad de nuestros compatriotas “Carperos”. La forma que vienen actuando, es la misma forma que lo hace aquel niño adinerado que deja abandonada su bicicleta porque ya está vieja y deteriorada, luego viene otro niño, la lleva, la repara, la pinta y la deja como nueva, y cuando el niño adinerado la vuelve a ver bonita como está, sin dudarlo comienza a reclamarla como suya. Lo que sucede en nuestro país es la misma cosa, no se trata de una bicicleta, pero la mezquindad y falta de vergüenza con la que se actúa es la misma.
Redacción Pedrojuandigital.com