Fecha de Publicación: 2026-08-12 | Por: Alejo A. Mendieta
El Jueves en las primeras horas de la mañana, el concejal municipal y candidato a la Intendencia por el Partido Colorado, Marcial Lezcano, quien había acusado a su adversario del PLRA, candidato a Intendente, José Carlos Acevedo, de haber orquestado la construcción de unos cordones en tres accesos a la ciudad, sobre las calles Yegros, Curupayty y Mariscal Estigarribia, únicamente para sacar, según Lezcano, réditos políticos, contando para ello con el apoyo del actual Intendente, que pertenece al mismo Partido y Movimiento de Acevedo, reiteró sus acusaciones e invitó al propio Acevedo, al intendente Rubén Jara y a la ciudadanía en general a que lo acompañen hasta “Marco Grande” para derribar lo que calificó como “muro” (en realidad se trata de un cordón de cemento), y ofreció combustible, por si la Municipalidad no contaba con dicho rubro para hacer trabajar las maquinarias.
La respuesta, tanto de José Carlos Acevedo como la del intendente Rubén Jara fue inmediata, es decir, que no aceptaron la invitación por considerar una manera vulgar de hacer política, y porque el “muro” que Lezcano propuso derribar, se encuentra del lado brasileño. Sin embargo, en nosotros, los miembros de la prensa y en unos 200 ciudadanos, surtió efecto la invitación y allá fuimos todos. Y ¿para qué?, para encontrarnos, reunirnos y decir cada uno nuestro parecer sobre la situación, queriendo por supuesto, hacer valer nuestras ideas y discutir con algún brasileño que esté de acuerdo con la medida adoptada por, hasta ese momento, un desconocido y sin que la Prefectura de Ponta Porã lo haya autorizado.
Entre las tantas discusiones, y solo discusiones, ya que nadie ni se acordó siquiera que nos habíamos ido para derribar el “muro”, apareció un ciudadano brasileño que defendía lo que se estaba haciendo, y que en un momento dado se identificó como el responsable, el financista que dijo llamarse Francisco Cunha, apodado “Chico”, y de remate, le mostró a todos los presentes una AUTORIZACIÓN emanada de la Prefectura de Ponta Porã, donde le dan absoluta libertad para realizar trabajos de jardinaje en ese sector de la línea internacional, echando por tierra todas las declaraciones de altos funcionarios de la Prefectura, que en reiteradas ocasiones habían negado rotundamente que la Prefectura tenía algo que ver con la realización de dichas obras.
Discusiones van, discusiones vienen, lo cierto y concreto es que nadie se acordó que la presencia de todos en el lugar era para derribar el “muro”, inclusive el concejal Marcial Lezcano se olvidó de eso. En resumidas cuentas, nadie se animó a tirar la primera piedra, o mejor dicho, echar el primer metro de cordón, tal vez por temor a una amenaza que había surgido, de que si alguien lo hacía iba a ser reprimido por la Policía Militar que estuvo presente, al igual que sus pares paraguayos. De esa forma, terminamos yéndonos hasta el lugar únicamente para enterarnos que Francisco Cunha es el financista de la obra, y que la Prefectura de Ponta Porã, aunque lo hayan negado en forma descarada, fue la que autorizó la realización de los trabajos. Nos fuimos y volvimos de la misma manera, sin haber echado absolutamente nada, también, si lo hubiéramos hecho, ¿qué nos habría pasado?, Como mínimo nos habríamos convertido en “pasajeros” del “camburão”. Pero felizmente no pasó nada.