Fecha de Publicación: 2025-11-02 | Por: Alejo A. Mendieta
Ese era el nombre con el cuál nos identificábamos mutuamente mi amigo Carlitos Paredes y yo desde el año 1988, debido al apellido de mi compañero de equipo en el Rally del Chaco. Desde ese entonces, jamás Carlitos, y lo digo en diminutivo porque así lo conocí, cuando aún era un niño de nueve años, volvió a llamarme por mi nombre ni yo tampoco por el suyo, salvo raras excepciones. Nuestro saludo era siempre así, ¡¡Radice!!.....¡Radice!!!.
Sin importar lo que se diga de él, porque en realidad no me importa ni me interesa, yo me quiero referir a “Radice” como lo que él fue como persona, remontandome en el tiempo al año 1978, cuando su finado padre, Marcos Paredes Ramírez, era mi compañero en el curso de pilotaje y su “cola”, era su hijo Carlitos. Era tan apegado a su papá, que los muchachos de la escuela de pilotaje lo habían apodado “Patín de cola”, que no es otra cosa que la rueda pequeña trasera que tienen aquellos aviones con tren de aterrizaje convencional, es decir, dos ruedas grandes adelante y una pequeña atrás. Demás está decir que mucha gracia no le hacía a Carlitos que le llamen así, pero se las aguantaba. Ahora bien, lo que si no aguantaba, era que le digan que su papá era un mal piloto o que hacía mal alguna maniobra, especialmente si le decían que hacía “canguro” al aterrizar, que significa rebotar más de una vez durante el aterrizaje, allí si que se ponía rojo y no le salía una sola palabra para mandarnos a la China como hubiera deseado hacerlo. El tiempo pasó y Carlitos se convirtió en un joven apuesto y enamorado de una bella joven, creo que un año menor que él. Carlitos y Mimi eran una pareja inseparable, hasta que un día, estando con Ricardo González “Bo”, otro amigo entrañable suyo y mío, nos dijo sin mayores preámbulos, “che amendata” (me voy a casar). Como era muy joven aún y aparte de ello todavía menor de edad, intentamos aconsejarle que no lo haga aún, que espere un par de años más. Como respuesta recibimos la invitación para participar de la boda, o sea que, ni siquiera nos escuchó. De esa unión nacieron dos varones, Carlos Randi y Jorge Fernando al que primeramente le decíamos “Barriquello”, por haber nacido el año en el cual Rubens Barriquello estaba en auge en la Fórmula Uno, y el año en que junto con Carlos María Centurión, Ricardo González “Bo”, Carlitos y quien suscribe, fuimos a presenciar en vivo y en directo el Grand Prix de Brasil en São Paulo. Escribo esto, para que mucha gente se entere, que a diferencia de lo malo que se quiera decir de mi amigo “Radice”, él tuvo muchas virtudes y fue útil a las personas que lo rodeaban. “Radice” fue también un deportista a carta cabal, fue un gran basquetbolista, además del jugador que suplía su falta de estatura con un salto único, tenía un impulso impresionante, y eso lo demostró consagrándose campeón con la selección de Amambay en el año 1993 y habiendo integrado por varios años dicha selección en diversas categorías, con la cual recorrió varias ciudades del país en los campeonatos nacionales. “Radice” nunca dejó de estar ligado al deporte de sus amores, llegando a un punto tal que su hijo Jorge Fernando “Barriquello”, le cumplió a su papá el sueño de tener un hijo basquetbolista, y ocupando hasta el momento de su fallecimiento el cargo de Presidente de la Federación de Básquetbol del Amambay. Si hoy tuviera que poner en una balanza lo bueno y lo malo que hizo a su paso por esta vida mi amigo Carlos Alberto Paredes Noguera “Radice”, no me cabe la menor duda que la balanza se inclinará por completo hacia el lado bueno, y es por eso que en este último adiós, ruego para que las personas que lo conocieron y compartieron con él, lo recuerden en su forma más íntegra, y desechen y descarten cualquier comentario negativo que pueda surgir respecto a su persona, al final de cuentas, todos cometemos equivocaciones y nadie está libre de faltas para arrojar la primera piedra. “Radice”, solo te puedo asegurar que los buenos momentos que compartimos juntos son indelebles, y vivirán intactos en mi mente como aquella película que cuando niños vemos por primera vez y la que nunca olvidamos. Paz en tu tumba Carlitos, y a tus seres queridos la más pronta resignación en Cristo.