História : VOLVER A RECORDAR
28/07/2023 / História / Visitas: 37822
En esta significativa fecha, en la que la Federación de Básquetbol de Amambay está a un paso de conquistar su 2º título de campeón nacional luego de 30 años, motivado por un comentario posteado por el amigo Cesar Gustavo Insaurralde, me permito volver a publicar una anécdota que precedió 3 años antes (1990) a la gran conquista de 1993.

Historia de un fichaje relámpago y de “alto vuelo”
REMINISCENCIAS: En el año 1990, para ser más exactos, en el mes de febrero, Pedro Juan Caballero había sido nuevamente sede, por tercera vez, de un Campeonato Nacional de Básquetbol, en una época en que la selección de Encarnación era prácticamente imbatible, a lo que la COPABA (Confederación Paraguaya de Básquetbol), le agregó un participante más, Capital, que no era otra cosa que la mismísima selección paraguaya pero sin los jugadores que defendían los colores azul y oro de la selección Encarnacena.
Ante esta situación, adversa de cierta manera, la selección local de Amambay, que lleva esa denominación porque la Federación de Básquetbol como las de otras modalidades adoptaron el nombre del Departamento, debía conformar un equipo que esté a la altura de esos dos favoritos, para lo cual se recurrió a la contratación de refuerzos de primerísimo nivel, que sumados a los locales igualmente grandes jugadores, conformaron un gran seleccionado comandado por el DT Carlos María Ljubetic.
Por tratarse del principal protagonista, con todo el respeto y admiración que se merecen los integrantes de aquella formidable selección, me voy a referir al brasileño José Luís de Lima “Zé” en particular, excelente persona, que fue “paraguayizado”, aunque de manera un tanto equivocada, para poder integrar nuestra selección, que contaba con otro brasileño, un asunceno y un villarriqueño, y por supuesto, los pedrojuaninos.
El Campeonato se desarrollaba con toda normalidad, hasta que el día en que Amambay debía enfrentar a Encarnación, los dirigentes encarnacenos exigieron a la Comisión Técnica a que Amambay presente la ficha habilitaba por la COPABA de José Luís de Lima, la cual no se tenía, porque según argumentos esgrimíos por la dirigencia de la FBA para justificar su inexiistencia, estaba en las oficinas de la COPABA en Asunción, y como ya no había tiempo, era imposible presentar, pero sí se podía solicitar que se envié una copia vía Fax.
Para que Zé De Lima pueda jugar esa noche, y como en la COPABA no había ni una ficha suya que pueda ser enviada por Fax, los muchachos, haciendo uso de la tecnología y del ingenio, inventaron una ficha a través de montajes, de tal manera que, al ser enviada por Fax, parezca la copia de una original. Como en esa época en la parte superior de la hoja figuraba el número y el nombre de la persona, empresa o entidad que enviaba el Fax, los muchachos se la ingeniaron para programar uno de los aparatos de Fax de una agencia de turismo, que fue donde se elaboró la ficha, de tal manera que al recibir el Fax en otro aparato de la misma empresa, figure la COPABA como la que envió tan importante documento, y fue así, que Zé Lima pudo jugar esa noche, y en un partido no apto para cardiacos, por una mínima diferencia, con lanzamientos libres de Julio Winckler hacia el aro ubicado hacia la laguna, Amambay le ganó a Encarnación.
No conformes con el resultado adverso, los dirigentes encarnacenos presentaron formal protesta, por lo que la Comisión Técnica presidida por Blasito Marecos, ex jugador y ex dirigente de Amambay, en dicha ocasión como representante de Capital, dispuso que Amambay tenía hasta las 20:00 horas para presentar la ficha original de Zé Lima, jugador de Scuby, solo que esa notificación llegó pasado el medio día, y debido a la distancia, 1.172 kilómetros ida y vuelta por Coronel Oviedo, pues no existía aún asfaltado en el ramo Santaní – Limpio, es el momento donde comienza la gran odisea., la única solución era ir y regresar en avión.
Eran aproximadamente las 13:00 horas, cuando se recibe la notificación y rápidamente se vio y se estudió primero la forma e ir y volver en auto, lo cual resultaría imposible, ni Ayrton Sena o Fitipaldi lo hubieran logrado. La única solución, según propuso quien esto escribe, era la de ir y regresar en avión, que fue cedido sin costo alguno, por Emilio Olmedo, era un avión monomotor Beechcraft Bonanza A36, y nuestro piloto era el Dr. Marcial Pereira (+), un pilotazo, uno de los mejores que he conocido con al menos 20.000 horas de vuelo en su haber.
Con el avión disponible, en el viejo aeropuerto, la “aviación”, cuya plataforma y control ocupan hoy la Municipalidad y el Palacio de Justicia, siendo las 15:30 horas aproximadamente, despegamos rumbo a Asunción, arribando al aeropuerto Silvio Pettirossi” a las 16:40 horas y a las 16:50 horas hasta el hangar de Beechcraft donde debíamos encontrarnos con un primo del presidente de la FBA, Ancho Ramírez, para que nos lleve hasta el Palacio de los Deportes, frente al Jardín Botánico, donde se hallaba la oficina de la COPABA y donde la ficha de verdad, no trucha, ya había sido elaborada.
“Como ganado vacuno”.
Para desesperación nuestra, mis compañeros de aventura, Orlando Guardatti, Rubén Darío Jara, “Jarita” y yo, no había ni noticias del primo de Ancho. Entonces, ¿qué hacemos ahora?, nos preguntamos, cuando nuestro piloto acababa de decirnos que la hora límite de salida era las 18:15 horas, pues en aquel entonces, luego de la puesta del sol y hasta la salida al día siguiente, estaba prohibido que los aviones monomotor vuelen. Teníamos entonces 1 hora 30 minutos para ir hasta Asunción, retirar la ficha y regresar para emprender el viaje de regreso a Pedro Juan Caballero.
Fue en medio de la desesperación, porque ni taxi disponible encontramos, que se nos ocurrió pedirle un aventón, o carona como le llaman en Brasil, al chofer de un camión ¾ que tenía una carrocería para transporte de ganado vacuno, y como estaba limpio, libre de estiércol, allá fuimos los “tres mosqueteros” colgados de las laterales de la carrocería, como si fuéramos ganado vacuno. A propósito, riéndonos nosotros mismos de nuestra “suerte”, Orlando Guardatti sale y dice, “última vez que pe japó upeicha empresario re”. Era en ese entonces un empresario del sector gastronómico propietario de un local famoso de comida rápida en Asunción llamado, “La Esquina Antarctica”.
Minutos después, no recuerdo si con olor a ganado vacuno o no, llegamos a la sede de la COPABA en donde la ficha ya estaba lista peroooo, con un pequeño gran inconveniente, faltaba la firma del Presidente, Secretario o Tesorero, no recuerdo bien, que estaba en su trabajo en una casa de venta de pinturas ubicada sobre la avenida Eusebio Ayala casi Choferes del Chaco, es decir, del otro lado del lugar donde estábamos.
Y bueno, como ya estábamos en el baile dijimos, a bailar se ha dicho, y a bordo de un taxi, al más puro estilo de “rally urbano”, llegamos hasta la casa de venta de pinturas en donde el alto dirigente, no solo firmó, sino que también selló, porque había sido que el sello también lo tenía él. Cumplidos los trámites, faltaba el sello de Scuby en la ficha, y aunque eso ya no sería problema, Jarita pide prestado el teléfono y le llama a Edgar Sánchez de la imprenta Cerro Corá, también dirigente de la FBA, y le pide que prepare un sello de Scuby con una almohadilla con tinta negra.
Llegamos al aeropuerto ya muy fuera de la hora establecida por nuestro piloto, quien furioso dejó que le aflore el “Lobo Feroz” que llevaba adentro, pues así le decían sus alumnos de la Universidad Catolica filial Pedro Juan Caballero, aunque lo recuerdan como un gran profesor, y luego de una regañada, especialmente a mí porque también era piloto, nos dijo, tranquilos, elaboré un plan de vuelo hasta un destino que nos permitirá despegar sin problema, total, como es un aeropuerto privado no van a saber si aterrizamos o no allí. Y fue así que despegamos de Asunción casi al final de la tarde hasta que 30 a 40 minutos después ya estábamos volando de noche.
Cuando faltaban 30 minutos para llegar a nuestra ciudad, el Dr. Pereira establece con el control la primera comunicación por radio, comunicación esta que nosotros, sin saberlo, ya estaba siendo transmitida para sus oyentes por radio Amambay y radio Mburucuyá, lo que generó mayor expectativa aún, pues había sido que desde nuestra salida de Pedro Juan con destino a Asunción, ambas radioemisoras informaban al respecto a cada momento.
Todo eso motivo a que una multitud de personas, en automóviles, camionetas, motocicletas y bicicletas, se agolparan en nuestra principal estación aérea, controlando a cada momento la hora, había sin mentir, al menos unas 500 a 600 personas y por lo menos 120 vehículos aguardando nuestra llegada.
Cuando estábamos unos 15 minutos fuera, el Dr. Pereira me pide que solicite y oriente a algunos automovilistas para iluminar la pista con las luces de sus vehículos, y de paso, ayudarlo a identificar bien la cabecera pues a la noche su visión era algo limitada, y más aún para aterrizar en una pista sin luces ni sistemas de radio ayuda y aproximación.
El pedido era que un sólo vehículo se coloque en la cabecera sur, donde hoy está actualmente la iglesia Mormón en el barrio Obrero, con orientación hacia la cabecera norte, hacia donde se encuentra hoy el Palacio de Justicia, alumbrando el eje de la pista y con las luces de alerta encendidas. Los demás vehículos debían colocarse a los costados uno frente a otro, también con las luces encendidas, con lo cual era ya suficiente.
Desde arriba, los vehículos que circulaban a toda velocidad por la pista, para cumplir con nuestro pedido, parecían luciérnagas, tal es así, que resolvimos con el piloto, hacer primeramente un sobre vuelo antes de aterrizar y allí vimos la inmensa cantidad de gente que estaba pendiente de nuestra llegada, y se vía también las bombas que explotaban e iluminaban el lugar dejando ver la multitud y los vehículos, algunos inclusive sacaron algún artefacto de su cintura para adherirse a ñemokapú.
Cuando ya estábamos en lo que en términos aeronáuticos se llama final corta, casi aterrizando, de no haber sido porque ambos conocíamos al dedillo la pista de aterrizaje y su ubicación, podríamos haber aterrizado en una calle, cuando eso no poblada, del barrio San Gerardo, porque a alguien que escuchó por radio nuestras directivas, se le antojó iluminar una calle para que aterricemos.
Una vez en tierra, tras un excelente aterrizaje, llegamos a la plataforma, y ni bien paró el motor del avión, alguien abrió la puerta trasera y tanto Orlando como Jarita, fueron introducidos dentro de un automóvil que partió raudamente para trasladarlos primeramente hasta la imprenta Cerro Corá donde debían colocar el sello que faltaba y de allí al hotel Eiruzú donde sesionaba la Comisión Técnica. Demás está decir que detrás del vehículo que transportaba la ficha de Zé Lima, se formó una extensa y bulliciosa caravana, con bocinazos y explosión de petardos.
Cuando todo parecía estar solucionado y sobraban aún algunos minutos para que se cumpla el plazo establecido, aparece un inconveniente más, la tinta para el sello era azul y Edgar no tenía de color negro, pero gracias a don Nonón Álvarez que aún estaba en la Escribanía donde trabajaba, se logró estampar el sello de Scuby en la ficha, y siendo, las 19:58 horas, la ficha original fue presentada a la Comisión Técnica y se rechazó la protesta presentada por Encarnación que a raíz de eso se retiró del Campeonato.
Los encarnacenos ya presionaban desde la 19:45 más o menos insistiendo que la ficha de Zé Lima no iba a llegar, pero Blasito Marecos imponía su autoridad diciéndoles “todavía no son las 8, la hora es la hora”.
Lamentablemente después, toda esa odisea no sirvió de mucho, al menos deportivamente hablando, porque Amambay perdió en la final ante Capital que se consagró campeón, pero afectivamente y humanitariamente hablando, sirvió para demostrar que cuando una o más personas se proponen algo lo logran y que la unión hace la fuerza. En aquella ocasión, la espada de Damocles, con la que apretaron a Amambay, se clavó contra la pared, porque al menos ganamos la protesta pero perdimos el campeonato.
El caso de Zé Lima generó posteriormente otros inconvenientes, pero esa ya es otra historia.
Alejo A. Mendieta Ch.

BUSCAR varios:
Lo ultimo