El lugar donde se levantaban las Torres Gemelas de Nueva York se iba convirtiendo a medida que avanzaba la noche en un punto de peregrinación para neoyorquinos y turistas, donde el espíritu festivo y patriótico de la mayor parte de los presentes se impuso a algunas de las muestras de escepticismo de otros.
"Es un momento sombrío. Tengo emociones variadas. Espero que algo bueno salga de esto. Mi esperanza es que haya paz", manifestó a Efe Richard Toranzo, uno de los neoyorquinos que vivió de cerca los ataques del 11-S y que reconoce hoy que, con Bin Laden muerto, sigue sin quitarse de la cabeza "el horrible sonido del derrumbe las torres aquella mañana de septiembre".
Tampoco olvida "a las muchas personas cubiertas de ceniza que pasaron por delante de la puerta de mi casa, descalzos tras haber perdido los zapatos huyendo del Downtown", ni "el largo camino" que tuvo que hacer "junto a miles de neoyorquinos asustados y enfadados" hasta un lugar más seguro al norte de la isla.
El presidente y consejero delegado de la organización responsable del monumento del futuro Museo Nacional del 11-S en Nueva York, Joe Daniels, declaró a través de un comunicado: "Mantenemos nuestro compromiso inquebrantable de recordar siempre" y aseguró que éste es "un momento notable en la historia de Estados Unidos y de la lucha contra el terrorismo".
En septiembre de 2001, "cerca de 3.000 hombres, mujeres y niños fueron asesinados sin sentido por Al Qaeda bajo la dirección de Bin Laden. Fueron separados de sus seres queridos en un ataque brutal que el mundo nunca va a comprender. Sabíamos que nunca olvidaríamos", expresó Daniels.
Algunos familiares de las víctimas que acudieron esta madrugada a la zona cero, de donde jamás se pudieron recuperar centenares de cadáveres de las personas que murieron en los ataques, mostraron también el carácter "agridulce" de una noticia que llega a tiempo para el décimo aniversario de los ataques contra la Torres Gemelas.
"Es un momento agridulce. No hemos podido celebrar nunca nada desde que los ataques sucedieron. Hoy es un día triste, pero también es una celebración", indicó por su parte Diane Massaroli, quien perdió a su marido en los ataques y jamás pudo recuperar su cuerpo.
Como ella eran numerosos los familiares que se desplazaron hasta el sur de Manhattan, donde empiezan ya a asomar los edificios que sustituirán a las Torres Gemelas y hacia donde, mientras avanzaba la noche, se trasladó la celebración neoyorquina desde Times Square.
El ambiente era totalmente festivo por primera vez en mucho tiempo debido al "carácter histórico" de la noche, según coincidieron en asegurar numerosos de los presentes.
"Éste es quizás el día más histórico de celebración comunitaria que vive Nueva York desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y no estaba dispuesto a perdérmelo", señaló un joven de Brooklyn llamado John que, como tantos otros llegados de distintos puntos de Nueva York y el vecino estado de Nueva Jersey, engrosó la lista de congregados en varios centenares.
Entre vítores incesantes de "USA, USA", numerosas banderas estadounidenses e innumerables carteles en los que se leían distintos mensajes, como "Obama 1-Osama 0", la zona cero de Manhattan, lugar en el que se alzaba el World Trade Center, se llenó de personas dispuestas a celebrar el adiós a Bin Laden incluso descorchando botellas de champán.