Los números hablan por sí solos: en el país existen más de 150.000 familias que no poseen casa propia, de acuerdo a la DGEEC.
La Secretaría Nacional de la Vivienda y el Hábitat (Senavitat) parece no dar abasto ante la demanda en aumento de la casa propia.
Las propias autoridades hablan de declarar “emergencia habitacional”, ya que -además de las 20.000 carpetas que esperan su turno en la ex Conavi- mensualmente otras 3.000 familias se inscriben a los programas de ayuda que ofrece el Gobierno.
La institución, que además sólo asiste a familias (entiéndase, un soltero o una soltera no tienen derecho a una casa en estas condiciones), tarda un año o más en realizar una adjudicación.
La respuesta igualmente no se encuentra en el sector privado, debido a las exigencias que los bancos y financieras ponen para otorgar créditos para la vivienda.
En resumen, a un trabajador con salario mínimo le es prácticamente imposible siquiera soñar con un techo.
Algunas entidades hasta piden un ingreso mensual mínimo de G. 4 millones para empezar a pensar en la posibilidad. Tal es el caso del Banco Nacional de Fomento, Sudameris, Atlas, Interbanco y otros, que tienen convenios con la Agencia Financiera de Desarrollo supuestamente para facilitar los créditos a las personas que no cuenten aún con una casa.
Las cooperativas tampoco constituyen una salida. Instituciones como Medalla Milagrosa ofrecen créditos a través de la AFD, pero ciertos requisitos como tener antecedentes de crédito de G. 30 millones nuevamente alejan la posibilidad.
Esto sin mencionar que pocos son los entes financieros que cubren en un 100% el costo del hogar. Generalmente, la cobertura va del 70% al 80% del valor del inmueble.
Es decir, si una casa cuesta G. 100 millones, los bancos -si se accede al crédito- desembolsan hasta G. 70 millones. Los otros G. 30 millones deben ser "inventados" por el beneficiario de alguna forma.
De esta manera, tal parece que los difundidos programas como “Mi Primera Casa” sólo cubren los derechos de los “sintecho” de clase media para arriba, de ingresos superiores a tres salarios mínimos.
Al volumen "grueso" de la población le queda seguir viviendo en alquiler y tal vez comprarse un "bingo" el fin de semana.