História : Francisco Solano López: homenajes como significaciones del patriotismo

01/03/2026 / História
El diario La Nación de Buenos Aires publicó el día veinticuatro de febrero de 2011 un editorial donde critica duramente al ejército argentino por haber decidido denominar con el nombre de Mariscal Francisco Solano López al Grupo de Artillería Blindada 2, de Rosario Tala, provincia de Entre Ríos. El referido diario dice textualmente que con esta decisión el ejército argentino “ha reconocido… presuntos méritos extraordinarios a quien, como mandatario de Paraguay, dispuso, en 1865, la invasión del territorio argentino, provocó enormes daños, muertes de inocentes y el cautiverio de mujeres correntinas que soportaron crueles sufrimientos por su orden, obligando a una reacción militar que costó ingentes sacrificios al país”. Por Fabio Anibal Jara Goiris

(Artículo publicado en Buenos Aires como un capítulo del libro “Los lenguajes del territorio platino” organizado por Héctor Hugo Trinchero y Tito Carlos Machado - Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, UBA, noviembre de 2013).

Más adelante este mismo diario bonaerense dice que no parece extraño el discurso favorable a López del ejército argentino, pues, la misma Presidente electa Cristina Fernández de Kirchner señaló a Solano López como "ese gran patriota, humillado por lo que yo llamo la alianza de la triple traición a Latinoamérica, a sus hombres y a sus mujeres". El diario La Nación concluye que: “La denominación de Mariscal Francisco Solano López a una unidad militar de un país cuya bandera el dictador paraguayo pisoteó es tan absurda como inadmisible sería que Francia o Polonia llamasen Adolf Hitler a uno de sus regimientos”. (…). “Discursos como los de la señora Kirchner o decisiones como la del Ejército no contribuyen a sedimentar las buenas relaciones entre pueblos hermanos, pues al traer al presente dramáticos desencuentros del pasado no hacen sino exacerbar las pasiones y perturbar los sepulcros de los protagonistas de remotos conflictos”.

            La primera respuesta al editorial del diario La Nación ha sido escrita en forma clara y contundente por el médico paraguayo Rubén Luces León, quien reside en Buenos Aires hace más de cuarenta años. El referido galeno escribe así contra la diatriba del diario bonaerense: “En momentos de agitación, enfrentamientos, sangre y muerte en la Argentina, Francisco Solano López hijo del presidente del Paraguay Don Carlos Antonio López, y luego de la batalla de Cepeda en la que Mitre ve derrotado a su ejército por el de la Confederación al mando de Gral. Urquiza; el que sería luego presidente del Paraguay, como mediador voluntario, oficioso y eficiente, logra imponer la paz con el Pacto de San José de Flores, en cuya plaza en la actualidad se recuerda el memorable acontecimiento. Por el resultado de su gestión fue ovacionado el entonces Coronel Francisco Solano López por la población agradecida de Buenos Aires, cuyos habitantes a su paso le arrojaron flores”. 

            En realidad, en su pasaje por Buenos Aires, Solano López ha conseguido del propio general Justo José de Urquiza (comandante de la Confederación argentina o de las ‘provincias unidas’) la suspensión de las hostilidades que podría llevar a la muerte a miles de ciudadanos argentinos, especialmente a los partidarios de Bartolomé Mitre (que ya venía de una derrota en la batalla de Cepeda). Como resultado de este proceso de tregua, Solano López emerge como el único mediador extranjero del pacto de paz sellado el día 11 de noviembre de 1859 denominado de ‘Pacto de San José de Flores’. La ciudad de San José de Flores, en la provincia de Catamarca,  fue escogida para la firma de dicho pacto ya que el propio general Urquiza estableció su campamento en esa localidad. La firma de  Francisco Solano López consta al pie del pacto; cuya importancia fue poner un punto final a la larga contienda entre el denominado ‘Estado de Buenos Aires’ y la entonces ‘Confederación Argentina’. Cabe resaltar algunas consecuencias significativas del ‘Pacto de San José de Flores’: el ejército nacional se retiraba de la provincia de Buenos Aires; se inició la discusión sobre una futura Convención Nacional Constituyente; el territorio de Buenos Aires no podría ser dividido sin el consentimiento de su Legislatura y se establecía una tregua de las hostilidades seguida de una amnistía para las personas involucradas en la lucha civil.

            Solo este hecho ya puede hablar en favor del espíritu de generosidad y de profundo compromiso con la paz entre pueblos hermanos que se anidaba en la consciencia y la voluntad de Francisco Solano López. Apenas este pasaje de la historia ya puede demostrar su afecto y su amistad para con el pueblo argentino y en consecuencia le daría razón tanto a la Presidente Cristina Kirchner como al ejército argentino de recordar y homenajear la memoria del entonces general paraguayo.

            Sin embargo, cinco años después de la firma del ‘Pacto de San José de Flores’, Solano López no ha tenido otra alternativa que invadir Corrientes (en abril de 1865). Este pasaje de la historia merece un análisis más detallado.

            En el Uruguay de entonces estaba en el poder el Partido Blanco, del caudillo Bernardo Berro, en porfiada e irreversible guerra civil con el Partido Colorado de Venancio Flores, apoyado éste militarmente por el Brasil. El Partido Blanco, de Berro, ya mantenía relaciones amistosas con el Paraguay desde el tiempo de Carlos Antonio López, el padre de Francisco Solano. Este gobierno blanco de Uruguay  recibió una nota provocativa del gobierno del Brasil, amenazando con acciones militares. Los brasileños decían que los blancos del Uruguay no respetaban sus fronteras en la región de Rio Grande do Sul y frecuentemente surgían conflictos con los estancieros brasileños llamados gauchos. A parte de eso, el Brasil se sintió ofendido por supuestos malos tratos que recibieron sus diplomáticos por parte de los blancos uruguayos.

Lo que resalta de este proceso litigioso son dos aspectos: 1) la porfiada decisión del gobierno brasileño de apoyar al caudillo colorado Venancio Flores e intervenir militarmente en el conflicto interno del Uruguay para derribar al gobierno de los blancos e imponer un nuevo gobierno favorable a sus intereses. Chiavenato (1984), dice que Venancio Flores era un personaje rastrero; un ‘caudillo criminoso’ y 2) el impresionante ahínco y empeño del gobierno uruguayo de los blancos para obtener la intervención del presidente paraguayo Solano López en el conflicto con los colorados (aliados de los brasileños). En ese sentido, durante el año 1864, innúmeras cartas y despachos oficiales fueron enviados a López desde Montevideo para solicitar su intervención (Arturo Bray, 1958).

             No queda dudas, entonces, de la influencia poderosa de Solano López en la ‘Cuenca del Plata’ y sobretodo de que podría ser el elemento clave, al menos inicialmente, de una diplomacia internacional empeñada en devolver la paz en el conflicto interno del Uruguay (la lucha entre blancos y colorados) que se tornaba peligrosamente irreversible.

Sin embargo, lo que ocurría en forma concreta era de que el Uruguay se había transformado en el feudo de los brasileños rio-grandenses o gauchos y los intereses de éstos en territorio Charrúa naturalmente debería ser preservado. Para los brasileños era más lucrativo explotar el ganado en el Uruguay, donde las tierras permitían un rendimiento superior al del lado brasileño. Alrededor de 40.000 brasileños eran dueños de 30% de las tierras uruguayas y, como era lógico, insistían para que el Imperio del Brasil atacara al Uruguay con la finalidad de derribar al gobierno constitucional de los blancos y llevar al poder a Venancio Flores, aliado de los brasileños. Debe enfatizarse que este gobierno blanco les prohibió a los brasileños la práctica de la esclavitud; al mismo tiempo en que aumentaba los impuestos para los extranjeros sobre ganado y tierras en el Uruguay (Jara Goiris, 2004).  

Una visión más estratégica del conflicto ofrece una información contundente: unos de los objetivos del ataque brasileño al Uruguay era preparar la guerra contra el Paraguay, que era favorable al gobierno de los blancos. El objetivo era tratar de cerrarle el paso a López al estuario del Río de la Plata. Por otro lado, el gobierno argentino de Bartolomé Mitre (que se presentaba disimuladamente como un país neutro en relación al conflicto uruguayo) ya se mostraba completamente favorable a las acciones militares de los brasileños en tierras uruguayas. 

De por medio estaba el embajador británico Edward Thornton declaradamente anti paraguayo. En una carta, de fecha 6 de setiembre de 1864, Francisco Solano López llego a escribir al también diplomático paraguayo Egusquiza: “Se me dice que el señor Thornton ha modificado mucho sus simpatías hacia nosotros, trasladándolas hacia la política del Brasil y del general Mitre…”. (Arturo Bray, 1958). Así, es imprescindible considerar también el interés que tenía Inglaterra en el sentido de conseguir una apertura para su comercio en el Paraguay, un país económicamente “cerrado” e “independiente” desde el tiempo del Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia.  El Paraguay tenía el monopolio estatal no solo de la producción, sino de la tierra y de las principales estructuras productivas. Este sistema de centralización estatal, casi de tipo socialista – que se habría iniciado con el modelo de cooperativas de las estancias de la patria instituido por el Dr. Francia –, conspiraba contra las ideas liberales que era la moda en Europa.

            Volviendo al conflicto uruguayo, recuérdese que el 6 de mayo de 1864 llegó a Montevideo el diplomático brasileño José Antonio Saraiva, enviado por el emperador del Brasil y por terratenientes como el Barón de Mauá. Se supo después que Saraiva no pretendía, en realidad, conseguir concesiones del gobierno oriental, sino, por el contrario, tener, en la negativa charrúa, el pretexto para la intervención armada, cuyo objetivo último era la (re)anexión del territorio al Imperio del Brasil. Así, la situación se complicó, en 1864, cuando el gobierno del Brasil decidió intervenir en el conflicto uruguayo. Esta orientación brasileña, antes que solucionar el problema del Uruguay, era mostrar su presencia en el Río de Plata.

            En ese contexto, Chiavenatto (1984), dice que la llamada “misión Saraiva”, que consistió en la presencia del diplomático brasileño Antonio Saraiva en Buenos Aires;  resultó en la firma del Tratado Elizalde/Saraiva, entre el Brasil y la Argentina, el 10 de agosto de 1864. Este tratado –que era también secreto–  tenía por objetivo intervenir en el Uruguay y rectificar su política interna. En otras palabras, dar carta blanca, por un lado,  al ejército de Venancio Flores, compuesto también por brasileños y, por otro, al Almirante Tamandaré, cuya escuadra militar  llegó a destruir la ciudad de Paysandú, Uruguay. Era un tratado cínico y brutal.

Sobre esta serie de forcejeos el historiador paraguayo Luis G. Benítez  (1987) se refiere a la nota de advertencia de López al gobierno brasileño: “Al mismo tiempo, la cancillería paraguaya entregó al ministro brasileño en Asunción, Viana de Lima, la célebre nota del 30 de agosto de 1864, por la que advertía al Brasil que la ocupación del territorio uruguayo por tropas brasileñas sería considerada como causa de guerra en el Paraguay”

A pesar de la importancia de la nota del 30 de agosto, que era un ultimátum del Paraguay al Brasil, las fuerzas revolucionarias uruguayas del partido colorado de Venancio Flores cosechaban victorias sobre los blancos, con la ayuda brasileña. Más todavía: las fuerzas brasileñas invadían abiertamente al Uruguay. La marina del Brasil bloquea a Montevideo.

Chiavenatto (1984), dice que la intervención brasileña en el Uruguay fue un mero pretexto para iniciar la guerra. En realidad, el problema de fondo era económico-expansionista y se fundamentaba en que la clase dominante de Buenos Aires, como también la nobleza del imperio del Brasil, buscaban ampliar sus dominios, además de prestarse para mantener una situación favorable a la industria británica que, en última instancia, era “...abastecedora de productos manufacturados e importadora de materia prima”. 

Como el Brasil ya invadió al Uruguay, el gobierno de Solano López, en cumplimiento de la nota del 30 de agosto, declaró las hostilidades al Brasil. El 12 de noviembre de 1864 fue apresado en aguas paraguayas un barco brasileño: el Marqués de Olinda. En ese barco estaban numerosos tripulantes acompañando al nuevo presidente de Matto Grosso, coronel Carneiro de Campos. Así, llegó un momento en que las acciones diplomáticas cedían a la presión de las armas y Solano López decide intervenir en el conflicto uruguayo. López solicitó autorización al presidente argentino Bartolomé Mitre para que sus tropas atravesaran la provincia de Corrientes en dirección al Uruguay. Bartolomé Mitre – un caudillo que nutria un exacerbado preconcepto contra los paraguayos - negó tal permiso porque simpatizaba con el Partido Colorado del Uruguay. En respuesta a esta negativa del gobierno argentino el ejército paraguayo apresó a barcos argentinos y ocupó la ciudad de Corrientes el 14 de abril de 1865.

Dice el doctor Luces León a ese respecto: “Ninguno de los otros dos ni el Uruguay de entonces ni la Argentina respetaron esa obligación (pacto que conformaron Uruguay, Argentina y Paraguay, para defenderse mutuamente ante la evidente pretensión expansionista y avasalladora del Brasil) y solamente el Paraguay con su presidente Francisco Solano López, con dignidad, entereza y hasta con ingenuidad; con esa inocencia que parecen tener aquellos que son respetuosos y fieles a  sus principios en medio de la traición generalizada por él desconocida acudió presuroso a defender al Uruguay cuando el Brasil lo atropelló  en Paysandú”. 

 No es por casualidad que el historiador argentino Ernesto Quesada se refería a este conflicto uruguayo con palabras magníficas como las que siguen: “Como hecho histórico, queda fuera de toda cuestión que la política argentina y brasileña de fomentar la invasión de Venancio Flores y cooperar con su triunfo, fueron las causas reales de la guerra del Paraguay”. (in Arturo Bray, 1958). Del mismo modo, la historiadora paraguaya Flores de Zarza dice en forma contundente: “La política de los López era correcta e incontrovertible. La posición paraguaya fue sincera: así como en 1849 defendió la paz, el status-quo de las nacionalidades y el equilibrio del Plata contra Rosas, ahora estaba decidido a defender el sistema republicano democrático de gobierno en América; la paz y el equilibrio del Plata contra el imperialismo brasileño”   (in Jara Goiris, 2004).            

A ese respecto el doctor Luces León escribe: “Ante el compromiso asumido, frente a la dignidad del pacto  y en defensa del Uruguay, la mudez cómplice y tramposa de Mitre precipita los acontecimientos, López no tiene otro camino más que ingresar en territorio argentino para llegar hasta el Uruguay, que era su único objetivo. Mitre con indignación actuada y desbordante hipocresía se rasga las vestiduras y declara la guerra al Paraguay, por la invasión militar del territorio argentino”.  
           
Al instante en que se supo la toma de Corrientes por los paraguayos se habría iniciado la firma del Tratado de la Triple Alianza. Así, el 10 de mayo de 1865 los representantes de los gobiernos de Brasil, Argentina y Uruguay, firmaron en Buenos Aires un Tratado contra el Paraguay, cuyo artículo 18 estipulaba que: “quedará secreto hasta que el objeto principal de la alianza se haya cumplido”. Efraím Cardozo (1996), escribe que los firmantes del tratado: “Declararon que la guerra no era contra el pueblo, sino contra el gobernante del Paraguay, se comprometieron a no cesar las hostilidades hasta su deposición, y se adjudicaron, de antemano, extensos territorios…”

            Chiavenatto (1984), dice, sin embargo, que el Tratado Secreto de la Triple Alianza fue acordado, al menos un año antes;  el 18 de junio de 1864, en Puntas del Rosario, Uruguay, bajo inspiración del inglés Edward Thornton, representante británico en Buenos Aires y declaradamente una persona de posturas anti-paraguayas. Fue un Tratado delineado con la presencia del diplomático argentino Rufino de Elizalde, del brasileño Antonio Saraiva y  del “revolucionario” uruguayo Venancio Flores. Cuando el Tratado fue conocido, en 1866, estipulaba detalladamente la destrucción del Paraguay, el saqueo a ese país e, inclusive, la forma de repartimiento del botín. Este tratado de alianza por sus características de crueldad y salvajismo puede ser considerado no solamente como crimen de guerra sino más que todo como un pacto tripartito de lesa humanidad.

            Por todo lo dicho se reviste de un abuso ideológico sin precedentes el concepto emitido por el diario La Nación cuando dice que (comparativamente al caso paraguayo) es “inadmisible que Francia o Polonia llamasen Adolf Hitler a uno de sus regimientos”. Así, al comparar a Solano López con Hitler el editorialista del diario La Nación incurre en un error craso de método y sobretodo de entendimiento de la verdad, presentando al público lector un ‘sofisma por inducción’, es decir, tratando de disuadir a los lectores con un ‘sofisma por falsa analogía’. Al comparar a Solano López con Hitler se percibe el desliz de presentar una conclusión de lo que es un objeto por lo que es otro, a pesar de la existencia de diferencias esenciales y apoyándose apenas en semejanzas de superficie. Es como decir: la luna es un planeta como la tierra. La tierra es un planeta habitado. Para después concluir: la luna es habitada.            

            Sobre este tema escribe con indignación el doctor Luces de León: “Comparar al mariscal con Hitler tiene una perfidia imperdonable. El editorialista del diario La Nación no puede alegar desconocimiento o ignorancia.  Hitler exterminó judíos y los persiguió hasta morir, invadió países vecinos, intentó imponer una ideología y someter al mundo. El mariscal López y la nación paraguaya nunca tuvieron intenciones expansionistas  con ninguna excusa, jamás ha objetado la presencia de ningún semejante por su  raza, religión, condición o procedencia, fue y es cauto, moderado y hasta resignado ante el fracaso de imponer sus derechos y disputar sus posesiones frente a la ambición de los vecinos, como lo es hasta el presente. Siempre ha sido atacado y despojado a lo largo de toda su historia y en la guerra del 70 ha sido masacrado sin piedad hasta el exterminio. Hitler atacó a los países de su entorno. López defendió al suyo del ataque y la ambición de sus vecinos. Hitler se suicidó. A López lo mataron porque no pudieron doblegarlo. Alemania se entregó y se declaró derrotada. Al Paraguay nunca lo vencieron, lo eliminaron. No se rindieron; por eso los cobardes invasores no ganaron la guerra. El  Paraguay no se entregó. ¡Terminó la guerra cuando el Paraguay murió!.

Acaso es necesario repetir tantas veces que en la ‘Guerra de la Triple Alianza’ la tragedia de Piribebuy y Caacupé tuvo su acto culminante en el valle de Acosta Ñú. Aquí se libró – diferentemente de lo que ocurrió en otras beligerancias europeas - una de las más célebres e inéditas batallas que haya existido en cualquier guerra. Niños paraguayos se apostaron en una línea de defensa. Llevaban barbas postizas hechas de crines de caballos y lucían fusiles tallados en cedro. Eran 20.000 soldados contra 3.500 niños (Chiavenato, 1984).  El numeroso enemigo arremetió sin piedad. Los niños fueron muriendo uno a uno, los pocos heridos se arrastraron desangrando hacia la selva. Las valerosas mujeres paraguayas llamadas de residentas, desesperadas y en medio a la estampida de la caballería enemiga, recogían los cuerpos lanceados de sus hijos. Era el 16 de agosto de 1869. En esta fecha se recuerda en el Paraguay el día de los Niños Mártires de Acosta Ñú.

Después de este momento seguramente memorable (y al mismo tiempo genocida)  para la horrenda historia de las guerras que ha cargado a cuestas la humanidad llegaba el momento de la inmolación de Solano López en Cerro Corá.  Chiavenato (1984), describe así los últimos momentos del mariscal: “Chico diablo le perfora el vientre con una lanza: otro soldado le abre el frente con un sable. Perdiendo sangre cae del caballo al atravesar el Aquidabán-nigui. El general Cámara una vez más le pide rendición. Él mariscal dice no y grita: ¡Muero con mi patria! Levanta frágilmente la espada… Un soldado se aproxima para desarmarlo, pero él lo ataca débilmente. Entonces suena un único tiro que alcanza sus espaldas. Cae muerto”.

Con la muerte gloriosa del héroe máximo de la nacionalidad paraguaya la guerra llegaba a su fin el 1º de marzo de 1870. Vilaboy (1991) se refiere al destino que tuvieron los que continuaron vivos después de la hecatombe: “Los 254 sobrevivientes de Cerro Corá fueron llevados en calidad de prisioneros a Concepción. Entre ellos estaban el general Francisco Isidoro Resquín –trasladado al Brasil para ser exhibido públicamente- 4 coroneles, 8 teniente coroneles y 4 ministros. También estuvo Madame Lynch –que dejaba a dos vástagos enterrados en Cerro Corá- iba entre los prisioneros, junto a sus otros cuatro hijos pequeños”.      

Por todo lo que se ha expuesto hay que respetar y admirar la proclama corajosa y democrática de la Presidente Cristina Kirchner cuando dice acertadamente sobre el Mariscal Francisco Solano López: "ese gran patriota, humillado por lo que yo llamo la alianza de la triple traición a Latinoamérica, a sus hombres y a sus mujeres".

Es importante registrar que mientras autoridades y personas comunes extranjeras rinden homenajes en forma cada vez más creciente a la personalidad de Solano López (especialmente por su postura contra los imperialismos, que hoy día se renuevan y ponen en peligro la paz de los pueblos), numerosos paraguayos continúan defendiendo una postura rabiosamente anti-lopista generalmente por deliberada ignorancia histórica y principalmente por alienación ideológica. Es obvio también que se continúa recibiendo las influencias de historiadores (y esto hace parte de la democracia y de la ciencia de la historia) que por diversos motivos tratan de menospreciar y desfavorecer la labor gubernativa de López, de disminuir el efecto de los empréstitos externos recibidos por Brasil y Argentina, en fin, de negar y dejar entre renglones el papel de los imperios en los desenlaces bélicos sudamericanos.

Cabe recordar que los vencedores firmantes de la Triple Alianza, mantuvieron al Paraguay ocupado militarmente hasta 1876 y, al retirarse, después de 6 años influenciando poderosamente la política del país acorde a sus intereses (y después de apoderarse de importantes documentos históricos que fueron a parar en Rio de Janeiro)  dejaron una República moldeada a su imagen y semejanza; es decir, sobre la base de una Constitución de tipo liberal-oligárquico, que concedía privilegios exclusivos a los extranjeros y el derecho a tener extensas propiedades (Vilaboy, 1991).  Acaso se puede ignorar que todavía en 1870 los aliados (especialmente los brasileños), apostados en Asunción y vinculados a los legionarios paraguayos desarrollaron el credo perverso de enajenar los bienes del país, de vender tierras públicas a extranjeros ricos y a criollos terratenientes, lo que resultó en una población civil paraguaya sumida en la miseria, la desesperanza y el desaliento. Además, los legionarios y los brasileños, se dedicaban al deporte de la intriga para desmoralizar al extinto Mariscal López y apuntarlo como un vulgar sanguinario (Jara Goiris, 2004).

Para que ocurriera esto, se prestaron algunos miembros de la “legión paraguaya”, los llamados legionarios, que eran paraguayos que trabajaban como funcionarios y oficiales de Solano López y que  al final de la hecatombe lo traicionaron abiertamente, quedándose a la orden de los aliados. El Gobierno Provisorio títere formado en plena Guerra de la Triple Alianza (cuando Solano López todavía luchaba en Cerro Corá), fue comandado por el Ministro del Imperio del Brasil José María da Silva Paranhos, después llamado Visconde do Rio Branco y uno de sus objetivos fue poner al mariscal López fuera de la ley, “como asesino de su patria y enemigo del género humano” (Efraín Cardozo, 1996).

            Utilizando estos decretos contra Solano López la oligarquía paraguaya de pos guerra diseminó por toda la República la idea del anti lopismo (o anti lopizmo). Así, durante los sucesivos gobiernos colorados de pos guerra era más fácil ponerse no solo a favor de los vencedores extranjeros sino de una oligarquía criolla y mestiza paraguaya que se declaraba abierta y orondamente anti-lopizta. Se creó un sórdido poder simbólico en el Paraguay donde todo lo que era perfecto y fastuoso pertenecía a la ideología anti lopista. La postura que ideológicamente defendía a Solano López quedó marginada a los estratos populares, a los humildes ranchos de las residentas y a las voces oprimidas de los artistas populares. Por ejemplo, la música paraguaya autóctona ha enmudecido; recién en la década de 1930 se va a escuchar las primeras canciones a favor del Mariscal. Las primeras poesías que hablaban del heroísmo de López van a ser vertidas allá por 1916 como fue el caso del gran Manuel Ortiz Guerrero con su famosa ‘Diana de Gloria’.  Por eso continua teniendo razón el sociólogo y crítico literario ecuatoriano Agustín Cueva cuando dice: “Las masas hacen la historia, pero no son ellas las que la escriben”.

            A ese respecto el traductor de la obra del historiador norteamericano Harris G. Warren (quien escribió sobre el periodismo paraguayo después de la guerra del 70: ‘El periodismo bajo la ocupación y los gobiernos colorados 1869-1904’) aclara: “Lopista o lopizta era el calificativo despectivo que los liberales daban al grupo editorial dirigido por Cándido Bareiro. Sin embargo, en la Asunción ocupada militarmente nadie podía ser lopista, en el sentido de venerar la figura del mariscal López y, en todas las agrupaciones políticas, había partidarios y adversarios de López. El culto del mariscal López es un fenómeno surgido hacia fines del siglo XIX’. (in Warren, H.G. 2008).

            Sin embargo, todo este caleidoscopio de adversidades que arremetió sin piedad contra la ética política y sociológica del hombre paraguayo (especialmente del humilde ser popular paraguayo), en muchos casos, no ha sido visible a los ojos. Hábilmente, la “verdad” escrita por los vencedores y por la burguesía criolla paraguaya, se exhibió como un fenómeno verídico, vítreo y límpido. Con facilidad, entonces, ha escamoteado su rostro y sus ásperas secuelas. Marx diría que se trataba de algo semejante al proceso de enajenación mental; es decir, al surgimiento de una conciencia falsa (léase anti-lopizmo) determinada por las relaciones sociales – dominadas desde antaño por esa misma burguesía criolla. Por esa ubicuidad y por esa simulada y escabrosa omnipresencia ideológica conservadora y sectaria, ha resultado difícil (para las fuerzas populares y democráticas del Paraguay) haber entendido y aprehendido a ese diapasón de enajenamiento. Es perfectamente válido, entonces, reverenciar la decisión de la presidente Cristina Kirchner y de los militares argentinos que con ese gesto favorable al Mariscal Francisco Solano López conciben adecuadamente el concepto de la dialéctica y muestran la capacidad de pasar por encima de la alienación ideológica para rescatar el valor de la verdad histórica que, en muchos casos, permanece deliberadamente escondida junto a las afectaciones y disfraces que se apiñan en el piso de abajo del patriotismo.

 

El autor es paraguayo, profesor de la Universidad Estadual de Ponta Grossa, Brasil; máster en Ciencias Políticas por la UFRGS, Brasil y autor del libro: ‘Paraguay: Ciclos Adversos y Cultura Política”, Asunción, 2004.

 

            Bibliografía:

  1. Benítez, L.G. Manual de historia paraguaya. Imprenta Comuneros,  Asunción, 1987
  2. Bray, A. Solano López: Soldado de la gloria y el infortunio. 2ª. Edición, Editorial Nizza, 1958
  3. Cardozo, E. Breve historia del Paraguay. Editorial El Lector, Asunción, 1996
  4. Chiavenato, J.J. Genocidio americano: La Guerra del Paraguay. Traducción Justo Pastor Benítez (h), Carlos Schauman Editor, 1984
  5. Jara Goiris, F.A. Paraguay: Ciclos Adversos y Cultura Política. Editora Servilibro, Asunción, 2004
  6. León, Luces R. Respuesta a la diatriba del diario La Nación. Disponible en http://www.taringa.net/posts/info/9291871/Un-texto-para-todo-paraguayo_-argentino_-uruguayo_-brasilero.html
  7. Vilaboy, S. G. Paraguay: de la independencia a la dominación imperialista. 1811-1870. Carlos Schauman Edit. Asunción, 1991
  8. Warren, H.G. Paraguay: Revoluciones y finanzas. Editora Servilibro, Asunción, 2008