Por primera vez en casi seis décadas, tras el liderazgo de los hermanos Fidel (fallecido en 2016) y Raúl, la presidencia de Cuba recaerá en alguien que no empuñó las armas en la revolución de 1959. El nombre del nuevo gobernante se conocerá el 19 de abril.
La fecha no es casual. Es el 57 aniversario de la victoria en Bahía de Cochinos (Playa Girón), la primera derrota del imperialismo yanqui en América Latina.
Más de 8 millones de cubanos están llamados a ratificar tanto a los delegados de sus asambleas provinciales como a los 605 propuestos para el Parlamento, lista tamizada por una comisión de candidaturas que supervisa el gobernante Partido Comunista de Cuba (PCC), único autorizado a existir.
Los candidatos propuestos pueden o no ser miembros del PCC y provienen tanto de elecciones vecinales como de organizaciones sindicales y estudiantiles afines al gobierno. No participan partidos.
“Nadie canjea promesas por votos, ni se jacta de sus capacidades para conseguir adeptos (...). Ese es el rostro verdadero y excepcional de lo que nosotros llamamos con orgullo democracia socialista”, escribe una articulista en el diario oficial Granma.
En la lista está garantizada la cúpula del PCC, entre ellos Castro –su primer secretario general– y los históricos de la revolución. Hay, además, 322 mujeres.
Después de las elecciones, el Parlamento designa a 31 miembros para el Consejo de Estado, quienes seleccionan entre ellos al nuevo presidente.
Raúl, de 86 años, cumple una década en el mandato, plazo límite fijado por él mismo para ejercer la presidencia en Cuba. Tanto cubanos de a pie como analistas creen que será reemplazado por el vicepresidente primero, Miguel Díaz Canel, de 57 años, quien ha garantizado públicamente la continuidad.