La mafia sigue matando periodistas,
sin solución de continuidad, con impunidad. Allí donde más desprotegidos se
encuentran, en el interior. Los últimos tres
o cuatro casos de asesinatos de periodistas desde la emblemática muerte de
Santiago Leguizamón se produjeron en el interior del Paraguay.
Conozco la tarea del comunicador en el interior del
país. Conozco lo que significa cuestionar y criticar a autoridades, muchas de
ellas ligadas a las mafias regionales, con las que terminas cruzándote todos
los días en la misma calle, en el mismo vecindario, en el mismo evento, en la
escala de los pueblos y ciudades del interior.
Solo los que vivieron la tarea de corresponsales
saben lo que significa estar a 500 kilómetros de una redacción y de la capital
donde funciona el poder, o en todo caso, la protección.
Y eso que aquí no contamos los casos de periodistas
del interior golpeados, amenazados, presionados, burlados, que se enfrentan en
relativa soledad al mal humor de los poderosos que critica y al silencio de los
inocentes.
Por SANTIAGO LEGUIZAMON, por su historia, su legado
y su testimonio, deben tomarse acciones urgentes para generar procesos de
detección de casos de riesgo, espacios de capacitación en
coberturas/situaciones/
Los corresponsales y trabajadores en general del
periodismo en el campo suplen en gran medida la ausencia de una justicia que en
la mayoría de los casos responde a patrones políticos locales.
En estos casos, una crítica a un mafioso, no se da
desde los poderosos muros de un Canal de Televisión, o una radio de alcance
nacional o de un diario prestigioso y respetado, sino muchas, la mayoría de las
veces en que se produjeron finales de muerte, se registraron desde humildes
radios locales, con dos o tres operarios.
Hagamos algo sistemático, aparte de la bienvenida indignación.
Un programa urgente de respaldo a la seguridad de
estos trabajadores, una posición firme desde el Estado, un esfuerzo concreto
desde los medios y los gremios, cuyos resultados persistan en el tiempo.
Hoy le recordamos a Santiago. Y no le vamos a
obsequiar un país más seguro para los periodistas. Al contrario.
Evitemos que los mafiosos sigan matando
periodistas, y prestemos especial atención a los compañeros del interior.