Guido Mantega, el ministro de Finanzas de Brasil, muestra con entusiasmo los gráficos elaborados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) que señalan los pronósticos económicos globales para 2012.
Es de esperar que las economías de China, India y Brasil sigan creciendo, mientras que la eurozona sigue atravesando un mal momento. Sin embargo, las predicciones indican que Estados Unidos finalmente podría embarcarse en un período de recuperación.
¿Es esa una señal de que llegó el fin de la guerra mundial de monedas, una frase acuñada por Mantega? Su respuesta fue un categórico no.
Siempre habrá guerra de monedas, ya sea una guerra fría o una guerra abierta, enfatizó el ministro durante una entrevista en San Pablo.
El tipo de cambio es uno de los principales impulsores de la competitividad, incluso mucho más que la productividad. Aún cuando Estados Unidos se recupere, la Casa Blanca seguirá emitiendo moneda porque ,en el fondo, se trata de una estrategia comercial. Eso obliga a los países a defenderse lo mejor posible, agregó
La solidez del real, la moneda de Brasil, es un problema de largo plazo para las empresas del país. La divisa se apreció en forma constante contra el dólar desde enero de 2003, cuando asumió la presidencia Luiz Inácio Lula da Silva, hasta que comenzó la crisis financiera mundial. Brasil se recuperó de una corta recesión el año pasado y el real reanudó su tendencia alcista, impulsada por el optimismo vinculado a su crecimiento económico y por el impacto que ha tenido la política monetaria blanda de Estados Unidos sobre el dólar, que no deja de debilitarse.
Los comentarios de Mantega se producen después de que en los mercados cambiarios de Chile, Perú y Brasil la semana pasada se registraran intervenciones. En ese lapso, hubo incrementos en el dólar australiano, el franco suizo y otras monedas.
Brasil primero respondió triplicando un impuesto a las inversiones extranjeras en bonos locales en octubre del año pasado. Invirtió más de u$s 40.000 millones en intervenir el mercado cambiario de contado en todo 2010.
Mantega aseguró que esas tácticas tuvieron éxito y que los flujos netos se volvieron negativos en diciembre. El mercado de contado está equilibrado. La presión ahora está proviniendo del mercado de futuros.
En respuesta a ello, el banco central la semana pasada introdujo limitaciones a las ventas cortas de dólares contra el real. El ministro de Hacienda, que ocupa el cargo desde 2006, comentó que se vienen más de este tipo de medidas.
Si bien el gobierno se esfuerza por vincular esos problemas a la actual guerra de monedas, muchos economías aseguran que la culpa de esos desequilibrios brasileños la tiene el mismo país.
Opinan que el excesivo gasto público es una de las razones por las que Brasil tuvo que mantener la tasa de interés referencial, que actualmente se ubica en 10,75% anual, más alta que cualquier economía grande. Se espera que este mismo mes vuelva a subir la tasa.
Mantega, que anteriormente se negaba a hacerlo, ahora reconoce la vinculación que existe entre el gasto público y la inflación y, por lo tanto, las tasas de interés y la solidez del real.
Desde que fue confirmado en su cargo por la flamante presidente Dilma Rousseff, que asumió el 1 de enero, recalcó la necesidad de recortar el gasto del gobierno como parte de los esfuerzos por reducir la presión sobre la moneda.
Comentó que las políticas expansionistas de Brasil, que se aplicaron en 2008 y 2009 para contrarrestar la crisis global, ahora deben revertirse.
En 2011 vamos a reducir la presencia del estado porque la economía ahora está parada sobre sus propios pies, explicó. Nosotros ya estamos recortando el gasto, agregó. En vez de recibir 1/12 parte de su presupuesto anual para enero, por ejemplo, los ministros están obteniendo solamente 1/18 parte, contó. Pero la verdadera dimensión de los ajustes se conocerá recién cuando el presupuesto 2011 esté listo en las próximas semanas.
Él admite que la política fiscal, incluyendo las potenciales privatizaciones, seguirá siendo rehén de un entorno político díscolo.
Los esfuerzos para contener el incremento del salario mínimo nacional se pusieron en duda debido a una pelea con el mayor socio de la coalición que conforma el partido gobernante.
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Hugo Benítez Riera
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