Nacionales: Los motivos que desembocaron en el levantamiento armado del 18 de octubre de 1891

18/10/2013 / Nacionales
Apenas terminada la guerra contra la Triple Alianza y cuando todavía, el último resto del escuálido ejército paraguayo se debatía aún en los estertores de la muerte en Cerro Corá, se inició la lucha política en el Paraguay. Al comenzar las luchas cívicas, y en el torbellino de más de diez años de anarquía y de peleas estériles en el que naufragaron casi todos los militares sobrevivientes de la catástrofe guerrera, empezó también el combate a los regímenes de fuerza y contra los métodos violentos del gobierno, especialmente de parte de la juventud ilustrada de entonces. El gobierno de los López no pudo escapar de las críticas y ataques en estas refriegas.
El doctor Cecilio Báez, universitario brillante y líder de la juventud liberal, fue el portaestandarte de la lucha sin cuartel contra las tiranías.
El panorama político durante el régimen de los colorados fue sombrío entre 1870 y 1891. Diríase que el ansia de poder era la única filosofía del gobernante y el lucro su fin. En todos los órdenes reinaron la corrupción, la violencia, y las depredaciones subsiguientes a la revuelta.
Las elecciones eran burdas comedias. El “caballo del comisario” ganaba siempre la carrera, a las buenas o a las malas. Son famosas en la historia cívica paraguaya las elecciones de Villarrica, Concepción, de la parroquia de la Encarnación, etc.
Siempre los mismos aparatos de fuerza, siempre las mismas violaciones, de tal suerte que acudir a las mesas electorales para depositar el voto era un acto de heroísmo y un sacrificio; porque el que no era partidario del gobierno, se exponía a recibir un balazo o una puñalada.
El crimen político de mayor resonancia de la época fue el asesinato en masa de presos políticos, que se hallaban durmiendo en sus celdas. El 29 de octubre de 1877, fueron ultimados a tiros en la cárcel pública, el doctor Facundo Machaín, primer Presidente Constitucional de la post guerra del 70., el comandante José Dolores Molas, el médico Francisco Galeano, Francisco Regúnega, Franco y otros, quienes fueron las primeras víctimas de la violación de los derechos humanos en el Paraguay.
El diario “El Porteño” de Buenos Aires del 5 de noviembre de 1877, decía en un telegrama procedente de Corrientes, publicado en sus páginas: “…En este momento nos llegan espantosas noticias del Paraguay, el doctor Facundo Machaín, Francisco Regúnega y Molas que se hallaban presos han sido bárbaramente asesinados en la policía, estando en sus camas, por orden del Consejo de Ministros. El cadáver de Machaín está a bordo del Mesenger…”. Firmado: B. A. Barrios.
Un año después también fue muerto, a puñaladas, en plena calle de Asunción, Cirilo Antonio Rivarola, ex presidente de la República. ¡..Los crímenes políticos estaban a la orden del día…!
 
Las ventas de las tierras públicas y yerbales
 
En 1885, el gobierno del general Bernardino Caballero vendió la extensión de 3.294 leguas cuadradas del Chaco a un precio promedio de Un Guaraní y diecisiete céntimos la leguas, a 25 personas, y en 1886, la extensión de 2889 leguas cuadradas a Un Guaraní y cuarenta y ocho céntimos la leguas a 35 personas (este cálculo se hizo en 1951, por lo que hay que situarse en ese tiempo para saber que se compraba por Un Guaraní y comparar el valor de las tierras vendidas).
Es decir, en dos años solamente, fueron vendidas 6183 laguas cuadradas del Chaco. En total, las tierras vendidas al finalizar el año 1890 alcanzaban a 7035 leguas cuadradas, al precio de 906.324 pesos de la antigua moneda (en 1951 esto era Gs. 9063, suma que cualquier empleado del gobierno gastaba en una noche de ruleta).
Todas estas tierras fueron vendidas a 79 personas únicamente. Además, fueron transferidas a los tenedores de bonos de los prestamos ingleses la isla Yacyreta, que tenía 20 leguas cuadradas (ver en detalles en el libro del doctor Carlos Pastore: “La lucha por la tierra en el Paraguay”).
En 1886 el Estado era dueño del ferrocarril Asunción-Paraguarí, en una extensión de 72 kilómetros, y contando con el producido de la venta de más de 16.000 leguas de tierras, bosques y yerbales, se resolvió la prolongación de la vía hasta Villarrica, en una extensión de 78 kilómetros más.
El producido de la venta de tierras públicas se evaporaba a medida que se recogía. Entonces se resolvió, la venta definitiva del ferrocarril, con la condición de la prolongación de sus rieles hasta Villa Encarnación. Se vendió en 1889 y las 210.000 libras esterlinas, importe de la mitad de la venta, llegada de Londres, se liquidaron rápidamente por los gobernantes colorados. La otra mitad, el Estado se hizo accionista de la sociedad constituida en Londres.
 
Bancarrota financiera
 
Una terrible fiebre de conseguir dinero atacó a los gobernantes de la post-guerra. Es verdad que el tesoro público quedó exhausto a la terminación de la contienda guerrera del 70 y que fueron muchas las necesidades para la reconstrucción nacional; pero en ninguna historia se ha leído los préstamos y emisiones, hipotecas y ventas de bienes del Estado – que luego fueron devastadas – como los realizados en aquella época.
El doctor Silvio Macías escribió en su obra Morínigo y la horda roja: “…Vendieron los bosques, los ríos, las fuentes, los salmos, los besos…. La realidad es que vendieron todo eso y mucho más. Vendieron el Palacio de Gobierno, la Casa de Justicia, el crédito público, el contralor de las finanzas del Estado, los privilegios públicos, la explotación y venta de los yerbales, la propiedad de la línea férrea…”.
Veamos la documentación de las afirmaciones precedentes, leyes y decretos: El 29 de julio de 1887, el general Patricio Escobar  autoriza la venta del potrero Bobí-mí (Humaitá). El 13 de setiembre de 1887 autoriza la inversión del producido de las ventas de tierras públicas para amortización de la deuda interna. El 22 de setiembre del mismo año vende la línea del ferrocarril Asunción Villarrica, al señor Guillermo Stewart.
El 13 de abril de 1888, el general Patricio Escobar entregó 500 leguas a los tenedores de bonos ingleses incluyendo la isla Yacyreta.
Por ley del 24 de abril de 1890 se autoriza la emisión de fondos públicos con carácter de deuda externa hasta 500.000 libras esterlinas, para ser entregados una parte al banco del Paraguay y Río de la Plata en pago de 20.000 acciones suscriptas por el gobierno. El resto quedó a disposición del gobierno.
El 25 de julio de 1890 se autoriza la emisión de 5.000.000 de pesos oro en títulos de “Deuda amortizable”. Se garantiza con las rentas aduaneras.
El 12 de diciembre de 1890 se dispuso la entrega del cobre existente en tesorería general de la Nación al Banco Nacional para ponerlo en circulación por su valor representativo.
Por ley del 18 de diciembre de 1890 se autorizó la emisión de cédulas hipotecarias en billetes de curso legal hasta 3.000.000 de pesos.
Por ley de la misma fecha se autoriza la contratación de un préstamo en el exterior hasta 2.500.000 pesos oro. Se afecta en garantía el producido de la contribución directa, las acciones del Estado en el F.C.C.P. (1.050.000 $) y del 25 % de las rentas aduaneras.
Por ley del 24 febrero de 1891 se autoriza al Banco Hipotecario del Paraguay a emitir cédulas hipotecarias en billetes hasta $ 3.000.000 y el 12 de mayo de 1891 se autoriza la emisión hasta $ 1.400.000.
 
La protesta armada
 

Así se gobernaba el Paraguay y en esta forma patriarcal disponían los colorados de los bienes nacionales. Exactamente como lo hicieron los herederos y correligionarios de Bernardino Caballero hasta el 15 de agosto de 2008.
 

El Partido Liberal combatió la inmoralidad administrativa y denunció a los culpables desde la prensa, el parlamento, en los mítines públicos y en todas las formas posibles.
José de la Cruz Ayala y sus partidarios habían sido asaltados por milicianos colorados en las elecciones parlamentarias en Ybycuí, generándose una violencia política entre ambos bandos.  Este hecho convenció a los liberales de que tomar el poder por vía electoral era ingenuo. Decidieron tomar las armas para el efecto. 
Cuando se cerraron las urnas a la oposición, cuando los mercaderes oficialistas hicieron oídos sordos al clamor popular, el Partido Liberal recurrió a la violencia, a la protesta armada… De allí, el movimiento reivindicatorio del 18 de octubre de 1891 y la revolución libertadora de agosto de 1904.
Los liberales, que ya no soportaban lo que calificaron como “la tiranía”, se levantaron contra ella, figurando a la cabeza de los revolucionarios, sus principales jefes. Del plan de derrocar al gobierno colorado de Juan Gualberto González se encargaron Antonio Taboada como jefe político, y el mayor Eduardo Vera como jefe militar.
Para el efecto fue organizado un Comité Revolucionario, cuyo liderazgo fue confiado al mayor Eduardo Vera, lugarteniente del Gral. José Eduvigis Díaz, héroe de la Batalla de Curupayty, de Corrales, Tuyutí, Acayuasá, Timbó, Isla Poí, Ytororó, Abaí y del abordaje de los acorazados brasileños en la guerra contra la Triple Alianza.
Fue designado Jefe Civil de la Revolución don Antonio Taboada y la Junta Ejecutiva estuvo constituida  por el mayor Eduardo Vera, don Antonio Taboada, don Pedro P. Caballero y don Juan Bautista Rivarola.
Un Manifiesto divulgado ese día por el Centro Democrático explicó los motivos del alzamiento armado: “…Las Revoluciones son sagradas cuando ellas tienen por objeto restablecer el imperio del derecho vulnerado, recobrar el poder usurpado, reparar grandes injusticias o reivindicar la honra nacional ultrajada. La Revolución que promovemos responde a esos fines…”
Se contó para el golpe con el apoyo del propio administrador de Aduanas, don Juan Bautista Rivarola. Gracias a ello se habrían  podido introducir al país armas y municiones. Como era domingo, los soldados estarían de franco y se suponía que sería difícil organizarlos para repeler la intentona. Dos cuarteles debían ser atacados simultáneamente: el de la Escolta Presidencial y el de Infantería. En uno de los sitios que debían ser atacados se hallaba el Regimiento de Artillería, con ocho cañones Krupp y cuatro ametralladoras. Después de ser tomados los cuarteles, los revolucionarios intimarían la rendición a la Policía.-
En el plan de la Revolución, incluía la detención de los generales Bernardino Caballero y Patricio Escobar. Una vez logrado el triunfo, asumiría el poder una Junta Revolucionaria hasta las elecciones para Presidente, Vicepresidente y miembros del Congreso. El Poder Judicial sería disuelto y reorganizado. El candidato a Presidente sería Don Antonio Taboada. El mayor Eduardo Vera había rechazado  la postulación.-
Según una publicación de la época, para la ejecución del golpe se organizaron siete grupos, cada uno con unos 25 a 30 hombres, con distintos puntos de concentración. El del mayor Eduardo Vera, que tendría la responsabilidad principal, se reunió en la casa de don Pastor Cabañas Saguier, en el Paraguayo Independiente Nro. 48. En el puerto, unos 70 a 80 hombres subieron a tres tranvías tirados por caballo que, por El Paraguayo Independiente, hacían trayecto hacía la Catedral, supuesto destino del grupo, que pretextaba dirigirse a un bautismo.
Al llegar a 14 de Mayo descendieron y alrededor de las 19:00 horas, se arrojaron sobre la guardia del cuartel de la Escolta Presidencial (en el local que sería después, durante décadas, sede de la Escuela Militar).
Durante la toma de la guardia del cuartel fueron muertos los coroneles Ángel Ozuna, comandante de la Escolta, Santos Miño, subcomandante, éste había recibido en la confusión, un certero balazo al corazón. El triunfo parecía un hecho, pero en el interior del cuartel, las fuerzas gubernamentales reaccionaron con el concurso del Ministro de Guerra, general Juan Bautista Egusquiza, y lograron herir de muerte al mayor Eduardo Vera y al Diputado Juan Machain, quienes fallecieron horas después. Entre los heridos figuraban Bartolomé Yegros, Vicente Espínola, Emilio Saguier, Nicolás Bragas (el famoso “Lampiño”) y muchos caudillos populares.
Poco después llegó al cuartel, don Antonio Taboada, intentando reemplazar al Mayor Eduardo Vera para proseguir la lucha. Se mantuvo hasta cerca de la medianoche cerca de los corredores del cuartel, pero viendo que las fuerzas gubernamentales ya estaban bien organizadas, desistió de la idea.
Otro grupo revolucionario, comandado por don Pedro P. Caballero, llegó con cierto retraso por el lado de la barranca del río, detrás del viejo Cabildo, con el fin de tomar el cuartel de la Infantería. Este ya se había puesto sobre las armas. En las primeras escaramuzas, el comandante del cuartel cayó fulminado de un balazo disparado por los insurgentes. Después de tres horas de denodada lucha, se impusieron los gubernamentales.
El Jefe de la Aduana, don Juan Bautista Rivarola, al mando de otro grupo, había ocupado la Capitanía General del Puerto, pero la abandonó más tarde por falta de apoyo, retirándose a bordo del buque “Teniente Herreros” que llegó hasta Formosa (Argentina).
El grupo al mando de Fabio Queirolo hostigó a la Policía desde los corredores del actual Palacio Legislativo, reteniéndola en su cuartel, para que el grupo de Pedro P. Caballero subiera por el barranco del río para atacar el cuartel de la Infantería.
El general Bernardino Caballero que debía ser tomado prisionero en su casa, en la esquina de las actuales calles Coronel Bogado y México, por un grupo al mando del revolucionario coronel José del Carmen Pérez. Los rebeldes lograron entrar en la casa del general, pero fueron rechazados a tiros.
Ya muy avanzada la noche del domingo 18 de octubre, algunos insurgentes intentaron otros ataques. Pero el orden la restablecieron los gubernamentales que respondían al Presidente Juan Gualberto González, que sufrió una de la más dura prueba del que emergió airoso.
Al día siguiente, lunes 19 de octubre del año 1.887, se decretó el Estado de Sitio  en toda la República por treinta días. Bajo esta disposición fueron detenidos más de 140 liberales. Los miembros del Centro Democrático fueron apresados, entre ellos, Ignacio Ibarra, Manuel Irala, José Macias, José Urdapilleta, Fernando Saguier, Manuel I. Frutos, Francisco Guanes, Benigno Riquelme, Fernando Carreras, Víctor y Enrique Soler, Manuel Ávila y muchos más, a quienes por disposición expresa del Presidente Juan Gualberto González, se los trató con toda la consideración. Pero en las campañas, las autoridades cometieron inauditas vejaciones en las familias liberales.
Además, se comenzó a destituir a numerosos funcionarios públicos que habían tomado parte del abortado Golpe de Estado, entre ellos Antonio Taboada, miembro del Consejo Superior de Educación y Juan B. Rivarola, Administrador General de Aduanas, miembros del comité organizador del atraco, junto con Eduardo Vera y Pedro P. Caballero, que habían traicionado su compromiso de lealtad con el gobierno del que formaban parte y al que, por otro lado, habían contribuido a entronizar.
El Centro Democrático quedaba de esa forma derrotado por las armas, y sus dirigentes fueron presos y obligados a huir otros al extranjero. Pero el triunfo moral fue de los opositores, a tal punto que el episodio ocasionó una escisión en el partido de gobierno, formándose dos grupos: El Caballerista y el Egusquizista.
El 18 de octubre de 1891 se constituyó en la llamada “utopía liberal”: Gobierno de las leyes, honestidad en el manejo de fondos públicos, concurso de los mejores para integrar los poderes del Estado, libertad política y económica, defensa del Chaco frente a las primeras incursiones bolivianas al territorio del Chaco y plena vigencia de los derechos del hombre y del ciudadano.
Si bien la rebelión del 18 de octubre no logró éxito en los hechos, sirvió de precedente para la Revolución de 1904, que elevó al Partido Liberal al gobierno, dando inicio así al período de gobernantes liberales, donde resaltaron las figuras de Cecilio Báez, Benigno Ferreira, Manuel Gondra, Eduardo Schaerer, Manuel Franco, Eligio Ayala, José P. Guggiari, Eusebio Ayala, Félix Paiva, entre otros.
 
El origen de la polca 18 de octubre
 
Unos músicos que habían llegado hasta Asunción, desde San Juan Bautista de las Misiones, los tres hermanos Barrios, Cornelio, Pedro, Doroteo y el profesor Delfín Chamorro, con el fin de estrenar esa noche en uno de los cuarteles una alegre polca en homenaje al coronel Santos Miño, por su reciente ascenso. No pudieron cumplir con su propósito debido a la muerte de éste.
Uno de los hermanos Barrios, sargento del cuartel atacado, pereció en el golpe. Pero los demás autores de la polca la hicieron escuchar al general Egusquiza, quien habría tenido la idea de cambiarle de nombre y, en vez de “Coronel Santos Miño”, se convirtió en “18 de Octubre”, como homenaje a los caídos en defensa del gobierno.
Paradójicamente, la polca fue reivindicada por los liberales, hasta convertirse en el Himno oficial del Partido.
 
 
El Centro Democrático reanuda las sesiones para reorganizarse
 
El Centro Democrático, muy golpeado como consecuencia del fracaso del golpe, recién fue reorganizado en agosto de 1.892 en una Asamblea que tuvo lugar en una casa que las crónicas de la época mencionan como “al lado de la Iglesia de San Roque”. En donde fue electo Presidente: don Manuel I. Frutos, a quien acompañó, como vicepresidente, el Dr. Cecilio Báez. Ese mismo año volvieron al país del exilio Juan Bautista Rivarola y don Antonio Taboada, sin ser molestados. El primero de ellos falleció poco después, de enfermedad.-
Con  el fallido golpe afloraron las divergencias dentro de los dos Partidos. La línea que dividía  a los democráticos entre moderados y radicales se profundizó gravemente. Al mismo tiempo, dentro del Partido Republicano (Colorado) también se agudizaron las desconfianzas contra el Presidente González. En un principio se habló de que Egusquiza sería el candidato oficialista.
Pero luego se fortaleció el Rumor de que en realidad, El Presidente Juan Gualberto González Alentaba la candidatura de José Segundo Decoud, su concuñado.
El grupo Caballerista se vio desplazado y la campaña electoral dio lugar a algunos incidentes entre ambos sectores.
El 31 de agosto de ese año, la Comisión directiva del Centro Democrático emitió un comunicado, como consecuencia de que siguieron las persecuciones a los liberales, sobre todo en los pueblos cercanos a la capital, protestando por “los hechos vandálicos y sangrientos, cometidos contra las personas y las propiedades de nuestros amigos políticos. Añadía la protesta que muchos liberales “han sido maltratados de hecho y otros han sido muertos, quedando abandonados sus cadáveres en los montes, y que las autoridades superiores se mantienen en un mutismo e inacción culpables, a pesar del grito de condenación de tales excesos que la opinión general y la prensa independiente han lanzado en desagravio de la justicia y de los fueros de la humanidad violados tan a mansalva y con alevosía.
Que estos abusos violatorios de los derechos humanos, indignos de los pueblos civilizados, no pueden ser silenciados por la Comisión Directiva del Centro Democrático, sin faltar a los deberes que le son impuestos por la representación que inviste por su propio decoro y por la dignidad del Gran Partido Liberal a cuya cabeza se encuentra.
 
Los colorados piden votos a los seguidores del Centro Democrático y ésta agrupación se convierte en Partido Liberal
                        
El Centro Democrático crecía constantemente. Las autoridades del interior ejercían presión violenta contra los seguidores del Centro Democráticos, para obligarles a afiliarse al Partido Nacional Republicano, pero aquellos, a pesar de todo, enviaban su adhesión al Centro Democrático, según consta en las Actas del 27 de enero y del 13 de marzo del año 1.893.
En la sesión del 27 de mayo del año 1.893 se levantó la abstención electoral y el Partido se preparó para sostener sus propios candidatos a la Presidencia y a la Vicepresidencia de la República.
Los principales dirigentes del Partido Colorado buscaron el voto de los liberales para sus respectivas candidaturas. Así, Don José Segundo Decoud   (*)  (El redactor del Acta Fundacional del Partido y de los Estatutos de la Asociación Nacional Republicana), expresó al Presidente del Centro Democrático, Don Antonio Taboada, que tenía buena predisposición para con el Partido Liberal, y que en caso de que su candidatura a la Presidencia de la República fuera proclamada, solicitaría el concurso de los liberales. Esto consta en el Acta del 30 de septiembre del año 1.893.
Por su parte los generales Bernardino Caballero y Juan Bautista Egusquiza, candidato el primero por el Partido Nacional republicano, y el segundo por los disidentes colorados, buscaron también el apoyo de los seguidores del centro democrático. Pero El centro Democrático dispuso que los correligionarios no debían decidirse a favor de uno u otro, “ni directa ni indirectamente” – según resolución del 24 de noviembre de l año 1.893.
En la sesión del 28 de diciembre, el Presidente del Centro democrático señor Manuel I. Frutos, informó que el general Egusquiza les había invitado al Dr. Cecilio Báez, a Don Antonio Taboada y a él, para proponerles un acuerdo entre los Egusquicistas y liberales. Similares gestiones realizaron el General Patricio Escobar y Don Agustín Cañete a favor de los caballeristas.
Las conversaciones prosiguieron hasta el que el 22 de enero del año 1.894. a moción del señor Antonio Taboada, se resolvió suspender todo posible acuerdo con cualquiera de las fracciones coloradas. Finalmente, en sesión del 6 de julio del año 1.894 se ratificó la resolución de no aceptar el acuerdo planteado.
En la sesión del 17 de septiembre del año 1.894, se verificó la fecha de la fundación del Partido Liberal y así de estableció en el Artículo Primero de los Nuevos Estatutos: El Partido Liberal, fundado definitivamente el 10 de julio del año 1.887, se llamará en adelante Partido Liberal.
 
Alternativas políticas de la era liberal

La revolución de 1904
 
La Revolución de 1.904 fue un despertar nacional, un movimiento de mejor cultura, en que participó la juventud intelectual, juntamente con campesinos, obreros y pequeños comerciantes, que buscaban el afianzamiento del orden, de la libertad y de la justicia.
 A instancia de los Egusquizista, el gobierno adquirió el vapor “Sajonia”, con el propósito de crear la marina mercante nacional. Pero dicho barco fue tripulado por los conspiradores, y artillado por los capitanes de navío Manuel J. Duarte y Elías Ayala, quienes se hallaban incorporados a la marina de guerra argentina.
            En buque “Sajonia” partió de La Plata y remontó el río Paraná. El gobierno colorado hizo gestiones ante el gobierno argentino, para que el mencionado barco fuera capturado como pirata. Pero este eludió a la Prefectura de Corrientes y entró en agua del río Paraguay. La revolución había estallado.
El general, doctor Benigno Ferreira fue designado Comandante en Jefe de las Fuerzas Revolucionarias. Se incorporaron a ellas los militares y marinos egresados  de las respectivas escuelas de la Argentina y Chile. La juventud cívica, dirigida por los hermanos Higinio y Heliodoro Arbo, Carlos L. Isasi, Adolfo Soler (padre del destacado Pintor Ignacio Núñez Soler que antepuso en apellido materno de Núñez en rechazo a su padre, pues se hizo anarquista, y su padre liberal), Manuel Benítez, y la Juventud Radical, dirigida por Manuel Gondra, Eduardo Schaerer, Manuel Franco, Gualberto Cardús Huerta y José P. Montero, aportaron un buen caudal ciudadano.
El  doctor Manuel Domínguez (llamado el Alma de la raza), vicepresidente de la República y colorado Egusquizista, se incorporó a la Revolución, previo a un  Manifiesto condenatorio del régimen del coronel Antonio Escurra (protegido de Bernardino Caballero), al que lo trató del más analfabeto de los gobernantes que tuvo el Paraguay.
Otro tanto hizo don Arsenio López Decoud, quien llegó a comandar un batallón. También hicieron Senadores y Diputados colorados. Se alzaron, pues, contra el gobierno, no solo los liberales, sino también respetables miembros del Partido Colorado que no comulgaban con los caudillos posesionados del poder.
Los revolucionarios establecieron su cuartel general en Villeta. En sus proximidades ocurrió el abordaje del vapor gubernista artillado “Villa Rica”, comandado por don Eduardo Fleitas. Con Posterioridad, los colorados fueron igualmente batidos en tierra, en el combate de Ytororó.
Durante el desarrollo de las operaciones, fue constituida en  Buenos Aires una Comisión “Pro-Pace”, integrada por distinguidas personalidades argentinas y presidida por el Obispo de Jasso, doctor Gregorio Ignacio Romeo, e integrada por Rafael Obligado y Gabriel Carrasco. Su Objeto fue mediar entre los contendientes para lograr la paz. Las gestiones fueron fructíferas, y así se firmó el “Pacto de Pilcomayo”, por el que se dio fin a las hostilidades, en diciembre de 1.904.
 
Los gobiernos liberales
 
Con el triunfo de la Revolución, los liberales se hicieron cargo del gobierno, aumentadas sus filas con la incorporación de muchos colorados de jerarquías. La juventud intelectual había ingresado al liberalismo.
LOS CUATRO PRIMEROS DOCTORES EN CIENCIAS JURÍDICAS Y SOCIALES DEL PARAGUAY, EGRESADOS DE LA FACULTAD DE DERECHO; Cecilio Báez, Emeterio González, Benigno Riquelme y Gaspar Villamayor, eran liberales. Además ingresaron en filas del liberalismo, hijos de colorados eminentes, como el caso del hijo del general Patricio Escobar.
El Partido Colorado quedó en la oposición: no obstante, muchos de sus integrantes ocuparon cargos públicos, durante toda la era liberal, en el Poder Judicial, en la diplomacia, en la enseñanza pública, y, durante ciertos períodos, en el Poder Legislativo, debemos citar a Francisco Chávez, Pedro Peña, Federico Codas, Ignacio A. Pane, Ricardo Odriozzola, Antonio Sosa, Fulgencio R. Moreno, Juan E. O’ Leary. Tomás Salomón, Eduardo López Moreira, Eleuterio Fernández, Isidro Ramírez, Federico Chávez y Guillermo Enciso Velloso. Aquí no se cita a quienes actuaron en el Congreso en representación del Partido Colorado.
Terminada la Revolución el 19 de diciembre de 1.904, fue designado Presidente de la República don Juan Bautista Gaona. Durante su gobierno comenzó a perfilarse nuevamente el desacuerdo de los sectores “Cívico” y “Radical”. El Ministro de guerra, general benigno Ferreira – del grupo de los “Cívicos” presionó para provocar la renuncia del nuevo mandatario. Renunciante el Presidente Juan Bautista Gaona, fue designado para reemplazarle el doctor Cecilio Báez, en diciembre del año 1.905.
Llamado el pueblo a elecciones, resultaron electos Presidente el general y doctor Benigno Ferreira y Vicepresidente Don Emiliano González Navero, quienes asumieron sus cargos el 25 de noviembre del año 1.906.
 
¿Qué hizo el Partido Liberal en 35 años de gobierno?
(Diciembre de 1.904 – 7 de setiembre de 1940)
 
¿Qué hizo el Partido Liberal en alrededor de 35 años de gobierno?. Esta es la cantinela de los adversarios políticos. Y muchos liberales, sobre todo, los de las nuevas generaciones, no saben contestar, porque no han tenido a mano una documentación como esta, organizada y objetiva, y porque, prácticamente, en todo el período de la anarquía reinante desde la terminación de la guerra del Chaco, la Prensa Liberal estuvo silenciada y el Partido no pudo defenderse.
Puede decirse que, en 1.904,  el Paraguay apenas había restañado sus heridas de la guerra del 70. Después de la hecatombe, el país quedó despoblado, y su economía y finanzas arrasadas.
Los gobernantes colorados de la posguerra obtuvieron de Inglaterra un préstamo, que no fue usado en su totalidad para la reconstrucción del país, pues gran parte de las libras esterlinas fue a parar en los bolsillos de los que mandaban. Por eso el Estado no pudo, durante muchos años, ni siquiera pagar los intereses y las amortizaciones respectivas, con lo cual el Paraguay perdió su crédito internacional.
Aun durante la época de los gobiernos liberales, esa tremenda carga siguió pesando, aumentada con los gastos que demandaron los preparativos para la defensa del Chaco.
En el año 1.904, todo estaba por hacerse: organizar la administración, formar el personal administrativo, propender a la  producción de la riqueza, encauzar el comercio, resolver los graves problemas monetarios, dar instrucción al pueblo, formar maestros, atender la salud pública, forjar un ejercito organizado y profesional.....en pocas palabras, estructurar un nuevo Estado.
Al hacerse cargo del gobierno el Partido Liberal, en 1.904, comenzó el progreso, la ciudad de Asunción fue iluminada a gas. Ocho años después, durante el gobierno de Don Eduardo Schaerer, ya teníamos energía eléctrica y los tranvías ya se movían con electricidad.
La vía férrea llegó hasta la ciudad de Encarnación. Las calles fueron pavimentadas. En 1.906, el Presidente, doctor Cecilio Báez decía en su mensaje al Congreso, que estaban pavimentadas 16 cuadras céntricas.
Al terminar la era liberal, lo estaban más de mil cuadras. Y  todo esto sin apelar a préstamos del extranjero.
En lo que concierne a la salud pública, no existían los grandes hospitales civiles ni militares de la capital, ni los regionales del interior. El mismo mensaje, de 1.906, decía: “La asistencia pública cuenta ya con una sala de maternidad y una farmacia, y en breve contará con una sala de primeros auxilios.
Es decir que el Estado Paraguayo disponía en 1.906 de no más de lo que en 1.932 tenía cualquier obraje particular de la República.
 Respecto a otra oficina pública, agregaba el documento: “A pesar del celo desplegado por el director general del Registro Civil de las personas para ponerlo en buen pie, la insuficiente instrucción de los Jueces de Paz encargados de llevarlo en la campaña”. Varios de éstos no sabían redactar un acta de defunción ni una partida de nacimiento.
Tal era el estado desolador del país al iniciar sus funciones el Partido Liberal. No había recursos que permitieran llevar a cabo la inmensa obra que el país requería: no había población suficiente; No teníamos el número indispensable de hombres preparados para desempeñar las funciones públicas. Todo Había que crearlo, reformarlo o mejorarlo. Y así se hizo.
 
La orientación política del Partido Liberal a los funcionarios públicos
 
En la función pública, los miembros del Partido Liberal pusieron en práctica el principio sustentado en el llano, de que el MANDO debe ser ejercido con el consenso de los gobernados respetando, las libertades esenciales de la Personalidad Humana, la capacidad y la idoneidad de los que están en la función pública para administrar los recursos del estado.
El Doctor Cecilio Báez, uno de los maestros del liberalismo, expresaba en 1.906, en oportunidad de inaugurar las sesiones de la legislatura, en su carácter de Presidente provisional de la república: “la Prensa política no puede no puede vivir sino dentro del régimen de la libertad, el número de periódicos se ha multiplicado por doquier, hecho que demuestra que las garantías constitucionales son reales y efectivas.
El progreso político se hace visible, además en las organizaciones de las entidades obreras con el fin de reclamar a sus patrones una justa remuneración por sus trabajos. Ya entonces el gobierno se preocupaba de la situación de los sectores obreros, amparándolos en sus demandas de justa remuneración, sin que el Estado se inclinara al paternalismo, atentara contra los derechos del hombre y del ciudadano, ni que se convirtiera en un ente todopoderoso; por el contrario, esa defensa del trabajador mantenía intactos los caracteres y requisitos del Estado Liberal de derecho.
Referente a la REFORMA AGRARIA, el Presidente provisional, Doctor Eusebio Ayala, tildado de “reaccionario capitalista”, decía en su mensaje de 1.921 al Parlamento: “...La actual repartición de la tierra no es el resultado de un plan económico ni político. El Estado, a fines del Siglo pasado, se despojó de la mayor parte de su rico patrimonio para obtener recursos: (Bernardino Caballero vendió casi todas las tierras fiscales a precios irrisorios, a patacones las leguas). Para vivir, sacrificó su capital.
Las leyes conocidas de ventas de tierras públicas, fueron dictadas con la precipitación propia de la imprevisión. Y las mejores tierras del Paraguay fueron vendidas a precios de regalos. Las tierras pasaron  de la propiedad del estado a la  de algunos capitalistas extranjeros.
           De la ACCIÓN política y SOCIAL, el Presidente doctor Manuel Franco se ocupa en su mensaje de 1.918. “Es Nuestro deber  es anticiparnos a satisfacer la parte de las reivindicaciones en que el obrero tiene razón y procurar desviar su criterio impresionable, de las peligrosas utopías a que se muestra tan aficionado. Lo primero en que cabe darle la razón es en sus críticas contra las carestías de la vida...”
 
La defensa del empleado público
 
En 1.921, el Presidente Manuel Gondra se refería, en su mensaje anual al Parlamento, al Estatuto legal del funcionario público. Decía lo siguiente: “ los Ministros consideran debidamente este asunto, con el criterio de que debe mejorarse la CONDICIÓN DEL EMPLEADO PÚBLICO, dentro de una regla que no rompa el equilibrio de la jerarquía, creando desigualdades injustas entre personal administrativo del mismo valor”.
 
Las leyes electorales
 
La primera ley electoral fue sancionada en el año 1.870, juntamente con la Constitución Nacional. El voto era cantado y se resolvían las elecciones por simple mayoría de votos. Treinta y un años después, en la era liberal, en 1.911, se dictó la primera reforma con la ley Paiva. Con esa ley se creó el padrón cívico y la Junta Receptora y se establecieron las penalidades para los fraudes electorales.
 En el último año de la presidencia del señor Eduardo Schaerer, se inició en las Cámaras el estudio del Proyecto de la nueva ley electoral, en el que se adoptaba la lista incompleta y el voto secreto. Se organizaron las Juntas inscriptoras. Esta ley fue puesta en vigencia por el Presidente Manuel Franco, en 1.917.
En el año 1.918, se creó el Registro Cívico Permanente. En 1.924 se estableció el Voto Obligatorio, y la intervención en las mesas, de los candidatos y representantes de Partidos para los escrutinios.
En 1.926 y 1.927 se dictaron nuevas reformas de la ley electoral con el concurso del Partido Colorado, que actuaba en la oposición. Se formó el padrón electoral de extranjeros. En 1.928 se perfeccionó el sistema electoral municipal.
Si el Servicio Militar Obligatorio fue decisivo para la formación del Ejercito Nacional, en lo civil el Voto Secreto y Obligatorio lo fue para la educación cívica de nuestro pueblo y para la normal constitución de los Poderes del Estado.
En el año 1.920, el Presidente de la República, doctor José P. Montero, decía en su mensaje a las Cámaras, refiriéndose a la implantación de la nueva Ley Electoral y creación del Registro Cívico, que el porcentaje de participación, en la inscripción de ciudadanos nacionales y extranjeros era exiguo.  “Es un dato revelador la indiferencia del electorado por el ejercicio del derecho cívico por excelencia, debido, tal vez, a la novedad de la ley, o a su relativa complicación, o a la carencia de instrucción cívica, o a la falta de hábito o interés, ya que no podrían alegarse las deficiencias de aquella, que ampara el derecho y la libertad de todos, ni las intromisiones indebidas de autoridades y funcionarios encargados de velar por su ejercicio, que han dado ejemplo de ecuanimidad, y de respeto a los derechos ciudadanos”.
Para instruir al pueblo en el ejercicio del derecho del voto, el Presidente Montero sugería que “los Partidos Políticos y la Prensa Nacional, que contribuyeron a encarecer y exaltar el cambio en el Sistema Electoral, alentando y aplaudiendo los progresistas designios que presidieron la sanción de las leyes a que me refiero, tendrían una hermosa y patriótica tarea que desarrollar, induciendo los primeros a sus afiliados y la segunda al pueblo en general, a concurrir a prestigiarlas con el ejercicio de los derechos que les reconocen y el cumplimiento de los deberes que les imponen, afirmando y robusteciendo, así, el imperio de la voluntad y la soberanía populares”.
 El Presidente, Manuel Gondra, refiriéndose a la reducida inscripción de los ciudadanos en el Registro Cívico, la atribuyó a dos motivos esenciales: “la falta de una penalidad expresa, que le obligue a inscribirse a todos los ciudadanos que se encuentren en las condiciones legales de hacerlo, y la adopción que se viene practicando del Registro Cívico Nacional como base para el sorteo de los ciudadanos de 18 a 19 años que deben llenar el Servicio Militar Obligatorio y funciones policiales”.
El Presidente provisional doctor Eusebio Ayala expresaba en 1.922: “…La ley Electoral que poseemos ha realizado un adelanto sensible en nuestro desenvolvimiento político, aun cuando no pueda decirse que esté exenta de objeciones doctrinarias y empíricas. La gran reforma con que ahora cabe completar esta conquista cívica, será la que nos permita adaptar nuestros hábitos de pensar y de obrar. Ninguna ley  es capaz de asegurar la pureza del sufragio cuando los Partidos se empeñan en falsearlo…”
Por su parte, el Presidente doctor Eligio Ayala decía en uno de sus mensajes: “…El respeto a la decisión de la mayoría, es una necesidad y un deber: La obediencia a las leyes es la condición de la vida social, es la garantía de las libertades del ciudadano. Pedir su desobediencia y consentir en su menosprecio es abrir cause a la relajación de la vida civil, a la disolución social…
…Abolida la ley, la suerte de la sociedad quedaría librada a los instintos; estaría sometida a la voluntad discrecional del más fuerte, o se desintegraría en el sectarismo. En toda convivencia social es ineludible que cierto ritmo se imprima en las actividades sociales, no para trabarlas o inmovilizarlas, sino para que converjan hacía el bienestar personal y colectivo…
…El gobierno republicano es de opinión, y, en consecuencia de libre deliberación. Por esa razón, es igualmente incompatible con el despotismo y la demagogia…”.
Y agregaba el Doctor Eligio Ayala:  “Es oportuno decir aquí lo que entendemos por oposición; En una organización como la nuestra, asentada sobre la presencia en el Parlamento de sólo dos grandes Partidos, uno de mayoría y otro de minoría, la función de ésta no debe ser de negación sistemática a todas las iniciativas de la mayoría. Si la mayoría adoptase para sus decisiones un criterio de negación, tendría en sus manos la forma de guillotinar por votaciones precipitadas e inconsultas toda tentativa de contralor de la minoría.-
Una acción extrema de una y otra parte tendería a reducir necesariamente a la nada la acción directiva que a ambos corresponde por mutua y recíproca compenetración que cabe esperar del permanente comercio de ideas. Examen sereno, ecuánime, desapasionado, honrado, de todas las cuestiones”.-
 “La vida parlamentaria es una gran escuela de hombres públicos. No debemos perder de vista la necesidad de ir formando hombres de Estado, la clase dirigente de nuestro país, una élite que por su preparación tenga la virtud de inspirar a su respeto confianza, no sólo en el seno de cada Partido, sino de Partido a Partido, y también a todo el país”.  -  
“…Cuando hayamos realizado este ideal de Cultura política, yo creo que los Partidos no suscitarán los recelos que hoy despiertan, y entonces nos será dado alimentar la esperanza de que los Partidos se turnen en el gobierno, sin desazones para nadie…”.
 
Política económica y financiera
 
Los gobiernos liberales comprendieron que, sin una política económica y financiera adecuada, no era posible propender al bienestar del pueblo y al progreso del país. Dicho está que el crédito internacional era nulo. No se pudo contar con el apoyo extranjero, porque el país estaba desacreditado desde la época del préstamo inglés dilapidado poco después de terminada la guerra contra la Triple Alianza.-
 La orientación de los gobernantes liberales en materia económica y financiera, siempre estuvo de acuerdo con los cánones modernos. Y en la aplicación de los recursos del Estado, los gobiernos liberales dieron prueba de una acrisolada honradez.-
Ya en 1.910 el Presidente Manuel Gondra decía: El nuevo orden en el mundo se está operando sobre la base de que el factor humano debe ser el que prime en la consideración de los gobiernos – Con lo dicho se prueba que los gobernantes, en vez de alentar un mero afán fiscalista, tenía en cuenta al  hombre, al ciudadano, al pueblo.-
Siempre la mira puesta en el pueblo, en la colectividad, ante que en el Estado mismo. En 1.914, el Presidente don Eduardo Schaerer expresaba en su mensaje a las Cámaras: “La valorización de la moneda, como medio de valorizar el trabajo humano, fue el sostenido propósito de los gobiernos liberales, en 1.916, el gobierno de Don Eduardo Schaerer organizó la oficina de cambios, y al mismo tiempo, se fue formando el fondo de conversión, para asegurar la estabilidad monetaria. Al Doctor Jerónimo Zubizarreta se le encomendó la faena.
Estos trabajos sirvieron para que, en tiempos del doctor Eligio Ayala, se lograra la estabilización de la moneda, o sea el tipo fijo de cambio, que se mantuvo aproximadamente hasta la terminación de la guerra del Chaco.-
Todo esto se consiguió con una insospechable honradez administrativa, manteniendo esforzadamente los presupuestos nacionales equilibrados, y con las sabias leyes económicas y financieras adoptadas  -  ¡¡¡ Qué no hubiéramos hecho si  hubiésemos contado con los millones de dólares, los millones de cruceiros, los millones de pesos argentinos que los gobiernos colorados recibieron como aporte de los países americanos después del triunfo del Chaco..!!!

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