Editorial: Paraguay: del taylorismo a la post-verdad

06/03/2017 / editorial / por: Fabio Anibal Jara Goiris
En el diario brasileño Folha de São Paulo la periodista Sylvia Colombo en un artículo titulado “Paraguay y su éxito en la región”, publicado el 05 de febrero de 2017, demuestra, utilizando gráficos y cuadros, que el Paraguay ha tenido en los últimos años un crecimiento económico superior al promedio de sus vecinos y que la adopción del sistema de "maquilas" viene mejorando aún más estas estadísticas y, aparte de eso, los productos agrícolas paraguayos (commodities) estarían invadiendo países como Brasil, Argentina y Rusia.

Heidegger ya se refirió a la cuestión de la temporalidad de la verdad e incluso se preguntaba si las cosas son realmente como parecen ser. Es decir: ¿las cosas están en el espacio y efectivamente forman parte de la esencia?. Preguntas como esta surgen en relación a lo que se viene divulgando sobre el Paraguay. Sólo una especie de dialéctica sociológica podría demostrar que esos logros económicos tienen efectos no sólo para promover el crecimiento de los números, sino que, a la inversa, afectan la vida de las personas, especialmente la de los más pobres.

            Los datos sociales presentados por el gobierno de Horacio Cartes, electo Presidente de la República en el 2013, por el Partido Colorado, son discutibles. Considerando que los programas de transferencia de ingresos (como el Bolsa Familia, de Brasil) representan una de las políticas públicas de mayor importancia para la reducción de la pobreza; se ha verificado que,  durante el gobierno de Fernando Lugo (2008-2012), se hicieron justamente inversiones de alto valor cuanto a las transferencias sociales. Con esto, se redujo la pobreza en el Paraguay de 35 a 24% y la pobreza extrema también ha disminuido de 19 a 10%. Sin embargo, este proceso de ayuda social se detuvo bruscamente una vez iniciado el gobierno de Cartes. Del mismo modo, los progresos observados en salud pública fueron prácticamente arruinados por la gestión del gobernante actual. Más alarmante aún es la negativa del gobierno de Horacio Cartes de gravar (cobrar impuestos) a las gigantescas empresas exportadoras del área agroindustrial que están en manos justamente de propietarios extranjeros. Según las cifras oficiales, el 2,6% de los propietarios posee el 85% de las tierras cultivables y es justamente en esta realidad donde encuentra su fundamento el poder político y económico en el Paraguay. Actualmente, el 92% de las tierras cultivables en el país no son para producir alimentos para el pueblo, sino, para promocionar productos destinados exclusivamente a la exportación. De éstas, el 20% están controlados por extranjeros, especialmente por brasileños.

En el 2011, el gobierno de Fernando Lugo empezó a enfrentar el problema de las tierras irregulares. Ha iniciado una extensa investigación, lo que se traduciría más tarde en un nuevo impulso para la reforma agraria. Horacio Cartes., al contrario, nada hizo a favor de la reforma agraria, por el contrario, en su gobierno, humildes campesinos fueron condenados por violencia dentro del campo en el sonado “caso Curuguaty”, de gran repercusión en la prensa internacional. Este evento de violencia forjada ha  precipitado el propio golpe de Estado contra Lugo. Además, existe el grave problema económico de la deuda pública del Paraguay que en el 2011 alcanzó una disminución, pero que con el gobierno Cartes fue simplemente duplicado. Así, según Latinbarómetro (2015), Paraguay ocupa el último lugar en América Latina en la variable ‘progreso de la imagen del país’. La pregunta es, ante este cuadro: ¿que tendrían para celebrar la clase obrera y el campesinado del Paraguay?

Como resultado del actual cuadro socioeconómico adverso para los intereses de las clases subalternas se verifica una baja popularidad del presidente Cartes, 23%. Por el contrario, su eventual oponente, en una hipotética reelección presidencial, el senador Lugo, el Movimiento Frente Guasú, ha llegado a 58%. 

Para concluir, se puede argumentar que lo que está sucediendo en el Paraguay es la reactivación de una política económica déjà vu, que retrotrae al Brasil de los años 90 y que viene aliada a una fuerte presencia de la ideología neoliberal. El gobierno de Horacio Cartes estableció el sistema de APP - Alianza público-privada, exactamente como ya ocurrió en la década de 1990, y que se fundamenta en elementos impopulares como: política de liberalización del comercio, corte de gastos públicos, privatización e intensificación de la presencia de multinacionales en el país – elementos claves para el afianzamiento de la explotación de la fuerza de trabajo, tal como siempre se percibió en el taylorismo. No es por casualidad que hoy día las políticas públicas del Paraguay, como las que se relacionan con la salud y la educación, están profundamente dañadas y  perjudicadas.                                                                                                                             

En un país como Paraguay, con grandes extensiones de tierra fértil, con diversos recursos naturales, con dos hidroeléctricas, con una población de menos de siete millones de habitantes y con una mano de obra predominantemente joven, es posible preguntar: ¿Es racional adherir a un modelo anacrónico como el taylorismo, a la privatización disparatada y a la expoliación de sus propios recursos naturales, incluyendo a la tierra? Una respuesta aceptable es que el actual gobierno de Asunción parece haber adherido alegremente no solo al anticuado taylorismo, sino además al  concepto neoconservador de post-verdad, una narrativa que valora las circunstancias contingentes de la comunicación social, antes de la realidad punzante de un pueblo históricamente relegado.

 

                        El autor es Máster en Ciencias Políticas por la UFRGS, profesor de la Universidad Estatal de Ponta Grossa, UEPG y autor del libro: “Paraguay: Ciclos adversos y Cultura política”, 2004.